Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor

Temporada de huracanes, de Fernanda Melchor

Temporada de huracanes

Con justa razón Temporada de huracanes ha sido leída por cierta crítica como una novela negra; es, después de todo, la historia de un asesinato y de la búsqueda de un asesino. Del mismo modo, son conocidas las incursiones de su autora en la crónica policial como parte de su labor de periodista y su interés por la nota roja. Sin embargo, el retrato que se hace de los personajes en la novela es tan minuciosamente preciso y a la vez descarnado que es posible afirmar que sería injusto etiquetarla solo como una narración de tema policial.

Temporada de huracanesEn una entrevista para el diario El País, Fernanda Melchor afirma que ser escritora es “dedicar la vida a buscar la verdad a través de la mentira” y es eso justamente lo que hace en ésta, su última novela.

A partir del hallazgo del cuerpo sin vida de la bruja del pueblo, la escritora mexicana devela en Temporada de huracanes una serie de situaciones desgarradoras en la vida de quienes habitan la zona veracruzana de La Matosa, lugar en el que se lleva a cabo el horrendo crimen. Con gran maestría, conduce al lector por entre las madejas de un relato que combina amores secretos y odios apasionados, dolor, violencia extrema y desamparo antes de desembocar en la revelación de la identidad del asesino y de sus motivaciones. Y en lo que puede considerarse como una muestra de la habilidad de la autora para cautivar a sus lectores, cabe agregar que todos los hallazgos se van produciendo a expensas del lector, sin que éste se dé casi por enterado ni pueda ejercer mayor control; para cuando logra hacerlo es ya demasiado tarde y la novela ha llegado a su fin.

Aunque el objetivo último de Temporada de huracanes es identificar al personaje que acaba con la vida de la Bruja Chica, Melchor coloca en un segundo plano los móviles y la identidad del criminal y, en lugar de ello, desvía el interés del lector por el quién o el cómo para situarlo en el por qué. Esta interrogante, más que aludir a los motivos del asesinato, se dirige a tratar de entender la razón por la cual el foco de la novela son personajes que en un primer momento no parecen ser relevantes porque no se relacionan directamente con la víctima. Más adelante, sin embargo, el lector descubrirá que la participación de éstos resulta central para el desarrollo y construcción de la trama. Así, el hecho de que sus emociones, inseguridades y deseos intrínsecos sean develados en profundidad al asumir posiciones protagónicas en cada capítulo (ocho, en total) produce en el lector la suspensión momentánea de su afán por descubrir al homicida y lo fuerza a ser testigo de la precariedad de la sociedad a la que pertenecen y en la que fenómenos como el machismo, la homofobia, la agresión sexual, la pobreza material y el desamparo emocional subyacen a la violencia extrema que los acoge.

Además de los varios actos brutales que caracterizan Temporada de huracanes, llama la atención el grotesco uso del lenguaje que hace la autora para relatarlos. Como en una suerte de vorágine lingüística, donde resalta un bajtiniano coro polifónico de voces, la verborrea que llena las doscientas y pico páginas que conforman la novela genera un efecto abrumador en el lector que le impide desmarcarse de los crueles incidentes a los que están expuestos sus protagonistas y es por ello que la narración termina siendo tan agobiante como cautivadora.

A medida que se van revelando las historias personales de la Bruja, Yesenia, Luismi, Munra, Brando y Norma, sale a la luz el grado de marginación y maltrato al que los personajes están sometidos y a la vez someten, así como el amor, odio y auto-destrucción que los lleva a cometer actos violentos como la única forma que conocen de sobrevivir. Estamos, pues, y sin ánimo de exagerar, ante una novela soberbia en su composición y estructura e intensa en su crónica de los hechos y en la que, poco a poco y con destreza, su autora va dejando ver los rincones más oscuros del alma de sus personajes con el propósito de humanizarlos antes que de justificarlos.

Con algunas reminiscencias del boom (la misma Melchor admite haber leído El otoño del patriarca) o de su compatriota Rulfo, la escritora veracruzana recurre mínimamente al uso de signos de puntuación y es eficaz en la introducción de regionalismos y leyendas populares. No obstante, la creación de una narrativa diferente a la de sus predecesores se percibe en lo brutal del relato, en la caracterización sólida de personajes deleznables y al mismo tiempo desprotegidos y en el uso de un lenguaje coloquial, ágil y contundente que logra dibujarlos tanto en sus miserias como en sus virtudes.

Fernanda Melchor sabe hilar finamente la maraña de sentimientos y sucesos que ocupan la vida de sus protagonistas mediante detalles verbales o descripciones agudas de sus rasgos físicos y psicológicos y sin caer en estereotipos o formas cliché. Asimismo, usa el símbolo del huracán al principio y al final de su novela como un recordatorio del destino trágico de los habitantes de La Matosa. Detrás del desprecio y la curiosidad que ejerce la Bruja, de la pasión reprimida de Brando, del rencor de Yesenia, de la invalidez de Munra, de la mentira de Luismi y del abandono de Norma se esconde la necesidad imperiosa de obtener el amor que no les ha sido dado, la cual es también, irónicamente, la causa final de su caída.

Melchor, Fernanda. Temporada de huracanes. Literatura Random House, 2017.


Fernanda Melchor (Veracruz, 1982) es escritora, periodista y ensayista. Ha ganado varios premios de cuento, ensayo y crónica y ha publicado en diferentes revistas y periódicos. Entre sus obras se encuentran la crónica Aquí no es Miami y las novelas Falsa liebre y Temporada de Huracanes.

Acerca de Lisette Balabarca

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