Y la muerte no tendrá dominio, de Victoria Guerrero

Y la muerte no tendrá dominio, de Victoria Guerrero

Y la muerte no tendrá dominio, de Victoria Guerrero

«…estaba cansada do esforco de  animal liberado»

(Clarice Lispector)

Cada binomio madre-hija es único. Cada cáncer también. Cada animal que usamos en la literatura para representar, fertilidad, creación, seres lunares, pascuas, fortuna o la persecución ciega hacia la aventura es un ”otro” conejo blanco. Mary Toft, Julio Cortázar, Lewis Carroll o Matrix – la saga hecha por las hermanas Wachowsky – cada uno de estos autores ha tenido una propuesta diferenciada en la función del conejo como símbolo.

Guerrero Peirano nos lleva a la madriguera de su universo propio y a su complejo binomio madre e hija, y aquí se dividen en dos: conejo y liebre.  El mismo ejemplar puede ser predador o presa, esclavo o libre.  Ella les llama Celadora y Estremecida, Victoria usa la etimología latina para cubrir la necesidad de llamar desde sus roles sensibles para conseguir diferenciarse de todos los demás conejos literarios. Las de Victoria son conejas góticas  a pesar de su discapacidad y estar “peruanamente” heridas; Estremecida es tan coneja, tan ilusoria como los conejos de Mary, de Julio, de Alicia o de Neo. Entonces de esta particularidad que trata de reinventar el mundo amitótico y lo que se genera cuando se rompe, resulta el privado Universo Madre que no sabe amar y Universo Hija poeta explicando las diferencias sustanciales de otras madres y otras hijas, volvemos al símbolo en tensión, siempre inabarcable entre la vida y la muerte. 

En el cristianismo, el conejo es el gran emblema de la fertilidad, a tal punto que se vuelve capaz de “poner huevos”, en las fiestas cristianas. Sin embargo, se sitúa en el imaginario de Guerrero, no sólo como coneja “ponedora” o dadora de vida, sino como un vacío potencial que no sólo va a permitir la animalidad de lo humano, sino que va a humanizar lo animal. El cuerpo nace, se enferma, se reproduce y muere. Esa ecuación quiso ser salvada por Dylan Thomas en un exceso de idealismo romántico trascendental en su poema “Y la muerte no tendrá dominio “(The best poems of Dylan Thomas) que es una oda al amor sublimado. En el caso de Victoria, la Celadora y la Estremecida buscan la eternidad a través de este poeta extranjero y masculino, porque en la celda dialéctica limeña que habitan, eso resultaría imposible.

¿Y ahora qué hará la poeta con su ansiada y buscada libertad? 

En este texto, entre auto ficcional y profundamente erótico. (A pesar de los paseos por el hospital público, el cáncer como umbral hacia la descomposición del cuerpo, a pesar de la infertilidad nazi, a pesar de reducir a la madre a un bulto en la noche). Guerrero Peirano usa dos grandes referencias de la literatura universal, la coneja (no es un conejo, es una hembra) y uno de los poemas metafísicos más bellos de Thomas con un subrayado misterioso buscando desdecir una necesaria afirmación de la eternidad por excelencia.

Estremecida, tiene una voz discapacitada, una voz que grita por la vida, para que la muerte no la alcance, pero los referentes materiales de la propia historia peruana y sus avatares  biográficos: la Voz se siente reducida a su biología, al cuerpo, la enfermedad, la presencia de otros actores en el escenario como el padre, la hermana, el novio de pelo largo, las tías, los amigos, la universidad, todos son excusas para tachar la vida y dejar que el peso de la negra cronología  de un vínculo atosigador gane la batalla.

Desde el título tachado, la voz poética entra en una tensión insalvable. 

“La muerte es obscena

Mi madre era un bulto en la cama”

La poeta va con su bisturí aterrado directo a lo inefable: el fin de la materia. Porque en la construcción de ese binomio, ellas no quisieron seguir al conejo blanco, sino quedarse con la “espina clavada” (la coneja enferma) y el opaco mundo de una Lima que disgrega o afecta a sus intelectuales por elementos externos, como la belleza:

”Si, tenía una espina clavada en la garganta y no era bella”

La poeta ha buscado su libertad desde el inicio, en sus viajes, su universidad sus aviones: todo lo que la diferencia de la madre. Pero cuando consigue esa ansiada libertad, cuando ella o Estremecida podrían irse corriendo y escapar por fin de las costuras de la prodigiosa memoria materna o de las comparaciones, resulta una tacha, un borrón, una contradicción que paraliza.

Dice Guerrero Peirano, que cuando un conejo entra en los sueños algo no está bien. Una coneja que cela y una coneja que estremece. Conejas que no tienen nada que ver con las otras conejas literarias, conejas que odian y quieren matar, conejas que van descubriendo su papel en la historia de la libertad, pero que continúan buscando como humanizarse y asumir lo terrible y bello de una libertad después del  cuerpo y sus circunstancias.

Guerrero, Victoria. Y la muerte no tendrá dominio. Fondo de Cultura económica. Premio Nacional de Literatura. Perú, 2020.


Victoria Guerrero Peirano (Lima, 1971) es poeta, escritora, investigadora, catedrática y activista feminista. Ha publicado numerosos libros de poesía, entre los que destacan BerlínEn un mundo de abdicaciones. La novela Un golpe de dados. Novelita sentimental pequeño burguesa. Y la muerte no tendrá dominio es su primer libro de no ficción, y mereció el Premio Nacional de Literatura 2020.

Acerca de Julia Wong

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