Segundo síntoma, de Andrea Cruzado

Segundo síntoma, de Andrea Cruzado

Segundo Síntoma, de Andrea Cruzado

Andrea Cruzado crea una sombra accesoria tras la cortina psicoanalítica y desvela sus paulatinos descubrimientos. Freud sabía que las fantasías de un poeta o de un devoto al arte literaria, era el presagio hacia una verdad mayor: la invención de una sospecha, porque la enfermedad ha perdido el nombre.
Lo importante de esta interesante voz, expuesta en una colección de versos cuidados con eficacia de cirujano, es que “ruge” en la oscuridad y va mostrando caprichosamente sus intersticios patologizados por las mismas teorías sociales. La poesía de Segundo Síntoma empieza a cobrar vida paralela al lenguaje abriéndose camino como sombras dobles. No sólo como la posibilidad lóbrega del lenguaje poético o sus imágenes previamente sazonadas con la perversión de quien sabe dónde duele la herida para apretar, sino de quien domina el escenario de un montaje trágico.
El cuerpo enfermo en este conjunto de versos, es un cuerpo múltiple, pueden ser los hijos, los débiles, los iletrados que van al banco, los olvidados o un recorrido desde diferentes ángulos; que van desde la desmembración familiar hasta el acaecer cronológico de un día común reinventando la violencia doméstica con una nueva estética (el robusto y el triste). Así, estos hijos van dando cabida a la miscelánea de posibilidades de un galeno (observador contemplativo con conocimientos pediátricos) que irá revelando el juego de espejos que la desmembración del “Pathos” le posibilita a su importancia como observador entrenado.
Cruzado quiere herirnos, no con la realidad o con las posibilidades de escape hacia el equilibrio, sino justamente con la profundidad de la herida. La voz poética sala la carne herida con mayor temperatura, para que nosotros los lectores, sintamos su mirada.
Hay un juego constante entre mostrar las criaturas incapaces de defenderse por sí mismas, y los depredadores anónimos de la desgracia. Sólo Jota (j) existe, sólo Jota es el único interlocutor que ayudará a sostener la crueldad de una mente lúcida y consciente sobre la enorme diferencia de ser la segunda en todo. La sombra del hogar, la melancolía de no ser la primera: ni la enfermedad, ni el primer síntoma, ni el origen real, sino la derivación.
La gran pregunta que acontece durante estos versos es si ser madre, (por la ternura opacada que empuja el telón para que termine el teatro de sinsabores), es esa voz que se subordina al segundo plano, para permitir la existencia del “todo”. Lo que ocurre en primer plano, no solo opaca lo que sucede en la cueva, sino las preguntas que reverberan sobre Dios y la incertidumbre que aparecen a medida que se instala un improbable ideario de perfección, uno que nunca se designa, pero está presente por ese «Como», constante que equidista y equipara los sucesos: Costillas como cortinas, o conceptos como espacio o lugar.
No es difícil terminar la lectura sin sentir que salimos con un irreprochable y necesario tercer síntoma luego de apreciar la impronta de la flor quebrada en la escritura poética de Cruzado.

Cruzado, Andrea. Segundo síntoma, Paloma ajena editores, 2022.


Andrea Cruzado (Laredo, 1993) es una poeta peruana.  Ha publicado Materia (Paloma Ajena Editores) y Museum (2018). 

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