La bailarina de Auschwitz, de Edith Eger

La bailarina de Auschwitz, de Edith Eger

La bailarina de Auschwitz, de Edith Eger

Podría sintetizar toda mi vida en un momento, en una imagen: 3 mujeres con abrigos de lana oscuros esperan cogidas del brazo en un patio desolado. Están agotadas. Tienen polvo en los zapatos. Las tres mujeres son mi madre, mi hermana Magda y yo. Es nuestro último momento juntas. No lo sabemos.

 Antes de la primera Guerra Mundial, la región de Eslovaquia en la que nací y me crié formaba parte del Imperio austrohúngaro, pero, en 1918, el tratado de Versalles rediseñó el mapa de Europa y creó un nuevo estado: Checoslovaquia.

No podemos decidir hacer desaparecer la oscuridad pero podemos decidir encender la luz.

El tiempo no cura. Lo que cura es lo que haces con el tiempo.

Nadie puede quitarte lo que pongas en tu mente.

Había acudido a mi consulta por decisión propia. Sin embargo, yo sabía por mi experiencia clínica y personal que, incluso cuando alguien decide curarse, puede permanecer paralizado durante años. 

¿Qué libro es este? 

¿Un libro de Historia sobre la conformación de nuevos estados en Europa Central en la primera mitad del siglo XX, la subida del nazismo y el holocausto?

¿La autobiografía de una sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz refugiada en Estados Unidos?

¿Un compendio de casos que Edith Eger, en tanto que psicóloga clínica llevó a cabo a lo largo de su carrera profesional?

¿Un libro de autoayuda?

La protagonista del libro es la misma autora, Edith Eger, que, a los ochenta y siete años, es decir unos setenta años después de la Segunda Guerra Mundial, decide contar su experiencia personal, familiar, profesional.

La titulación de las cuatro partes que conforman el libro recuerda el esquema de una trama de construcción clásica: I. La prisión. II. La huida. III. La libertad. IV. La curación.  Pero todo es mucho más complejo.    

La narración de una sesión llevada a cabo en 1980 con un paciente de El Paso en Estados Unidos es el punto de partida a los recuerdos. Una técnica narrativa de vaivén temporal y espacial que se impondrá luego a lo largo de toda la segunda mitad del libro.

La primera parte está dedicada a la Historia dentro de la cual se desarrolla otra historia: la  de Edith Eger.

Luego de situarnos en el contexto geopolítico de la segunda guerra mundial, en 1944, la autora, en aquel entonces una adolescente judía de diez y seis años, habla de su llegada a Auschwitz con sus padres y su hermana. Y recuerda la reacción de su padre, -un “sencillo” sastre, que incentivó a sus hijas a que estudiaran una, el violín; la otra, el piano y la tercera, Edith, el ballet-, quien al ver el letrero Arbeit Macht Frei (El trabajo hace libre) y escuchar música clásica, declara: “¿Lo veis? No puede ser un sitio tan terrible. Solo trabajaremos un poco hasta que acabe la guerra” antes de ser mandado a la cámara de gas.  

Las dos primeras partes La prisión y La huida relatan de manera cronológica la vida en los campos de concentración de Auschwitz y Mauthausen, las marchas de la muerte organizadas por los alemanes huyendo del avance de los aliados, la liberación y la nueva vida de la protagonista bajo la dominación de los comunistas que ocupan  Checoslovaquia y que,  según su esposo Bela, no son sino “nazis reciclados”, hasta su partida a Estados Unidos y sus primeros años allá. 

No hay duda: se trata de una autobiografía estrechamente ligada a acontecimientos históricos. 

En las dos últimas partes, los temas de Libertad y Curación se van entretejiendo. Hablar de liberación, para la autora, es hablar de liberación mental. Y esta liberación la consigue a los cincuenta años, al estudiar psicología clínica especializándose en pacientes con trastornos por estrés postraumático, incentivada por el psiquiatra y neurólogo Viktor Frankl, otro sobreviviente judío de los campos nazis. Ambos saben de traumas…

El discurso narrativo cambia: los hechos vivenciales dan paso  a un discurso reflexivo sobre conceptos y consejos sobre cómo enfrentar las cárceles mentales en que se refugian las víctimas  recordando a Jung “lo que reprimimos nos gobierna y lo que  enfrentamos nos libera”. La narración se convierte entonces en una suerte de manual  de sobrevivencia que la psicóloga vuelve sin embargo ameno al relacionarlo con episodios del pasado. 

No hay duda: podría ser visto como un libro de autoayuda.   

La última parte del libro Curación se centra en una serie de casos que la psicóloga trató, a veces durante años, y que la conducirían hacia su propia “curación” traumática. En síntesis ayudar  a los demás la ayudó a sí misma y esta constatación la lleva al recuerdo del episodio que da lugar al título “La bailarina de Auschwitz”, cuando en una visita que Menguele, el doctor de la muerte, hizo con sus oficiales en el barracón en busca de una “diversión· artística”, ella es empujada por sus compañeras a bailar lo que la orquesta toca afuera: el Danubio azul de Johann Strauss y Romeo y Julieta de Tchaikovski. El baile le merece una hogaza de pan que le tira Menguele y que ella compartirá con sus compañeras que. a su vez, la salvarán de morir en una marcha de la muerte. 

“Ayudar, compartir”, palabras claves para Edith Eger. Pero no las convierte en un dogma religioso sino en una constatación que surge de los numerosos casos que trató y que relata como si fuesen informes clínicos.

Por esa extraña y hábil conjunción de discursos tan distintos, La bailarina de Auschwitz resulta un libro a la vez insólito y cautivador pues la autora supo contar el horror con sobriedad, sin dramatizar ni caer en lo que ella llama  el “victimismo”, y supo  usar los casos que trató para ilustrar su teoría de superación sin nunca perder el hilo autobiográfico que hilvana con destreza hasta encontrar su clímax en la decisión que le permitirá liberarse definitivamente de la “cárcel mental” en que la encerró el trauma de su pasado.

Eger, Edith. La bailarina de Auschwitz. Planeta, 2018.


Edith Eger nació en Hungría y sobrevivió al campo de concentración de Auschwitz, de donde huyó a Checoslovaquia para terminar viviendo en Estados Unidos. Doctorada en Psicología y discípula de Viktor Frankl, es profesora en la Universidad de California y especialista en la superación del trauma. La bailarina de Auschwitz es un best-seller mundial.

Acerca de Christiane Félip-Vidal

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