Siete paseos por la niebla, de Yeniva Fernández

Siete paseos por la niebla, de Yeniva Fernández

Siete paseos por la niebla (2015), así se titula el libro de cuentos de Yeniva Fernández, quien afirma con originalidad su pertenencia a un género cuyos límites son borrosos, difíciles de definir, es decir el género fantástico, de tradición rica, si bien subterránea en el Perú.

Siete paseos por la nieblaEl libro que consta de siete cuentos, muestra una gran coherencia tanto temática como estilística. Señalemos ante todo que los protagonistas son en su mayoría femeninos, como lo indican ya algunos nombres desde el título de los cuentos (Rutka, Yolanda, Evelina). Parece ser un requisito esencial para sentar las bases de todo un mundo sensible, indispensable a la elaboración de lo fantástico: niñas, jóvenes, mujeres más maduras, todas son a la vez ingenuas, propensas a la ensoñación, a la fantasía, pero también crueles, despiadadas, hadas maléficas, supervivientes de otros tiempos. La coherencia está también en la contextualización de las historias en lugares cuya topografía suena a los lectores peruanos o hispanoamericanos: Lima, claro pero también Buenos Aires, México o Madrid. Y si ciertos cuentos «peruanos» pasan en la propia Lima, en particular en Miraflores, y más precisamente al borde del Pacífico, otros tienen como escenario la Sierra o la Selva. Estos contextos no son meros decorados: tienen un rol motor en el desenlace de las historias. En cuanto a lo que se podría llamar «estilo», digamos que Yeniva Fernández utiliza la amplia gama de resortes fantásticos, desde esa intranquilidad que invade poco a poco el mundo «real» hasta elementos terroríficos que nos hacen cruzar la frontera de lo racional. También se vale de personajes totémicos, que son otros tantos guías hacia un más allá, como lo son los gatos, los conejos, etc.

En varios cuentos podemos reconocer la influencia de cierto tipo de fantástico propiamente latinoamericano. En «Antes que caiga la noche», como en el cuento de Cortázar, donde el narrador convertido en «axolotl» cuenta su historia detrás del vidrio de su acuario, la narradora es una gata que cuenta a su amigo Carlitos su historia: la de una ex turista peruana que ahora vive su vida de gata en el Retiro de Madrid. También reutilizando una tradición indigenista que representa la Sierra como un mundo de supersticiones, poblado de seres indescifrables, como en los cuentos «exóticos» de Ventura García Calderón, la cuentista la moderniza como en el cuento «La pequeña compañía». El argumento parece de lo más «normal»: Gonzalo Terreros, joven empresario, decide regresar a la Sierra, instalarse en la hacienda familiar La Florida con su esposa Martha y María Fe, su hija de cuatro años. Sin embargo, aparecen varios elementos extraños y esto desde el principio del texto; el espanto inexplicable de la niña al entrar por primera vez en la hacienda, luego sus conversaciones con un misterioso amigo, el conejito imaginario y varios hechos similares como indicios sembrados (moneda, un zapatito rojo, etc.) así como el comportamiento ambiguo de la vieja criada Antuca, van a instalar una atmósfera que desembocará en el desenlace trágico. La habilidad de la narradora consiste en reutilizar el mundo estereotipado de la hacienda, resuscitando viejas historias de venganza. En efecto, la misteriosa desaparición de la niña María Fe, recuerda la de la joven Luz en el cuento «La momia» de Ventura García Calderón. Ambas son hijas del amo, ambas pagan con su muerte, por generaciones de antepasados, patrones violentos y abusivos que mataron a sus indios y raptaron a sus hijas. El personaje del niño es entonces un personaje muy «rentable» en este tipo de relatos; paradójicamente garantiza cierta verosimilitud a lo que se cuenta ya que el mundo infantil de por sí está lleno de fantasía, ensoñación e irracionalidad. Es el mundo de los cuentos de hadas como en «Con Yolanda en el acantilado». Aquí, desde el principio —cuyo incipit hace pensar en el de «Los gallinazos sin plumas» de J. R. Ribeyro—, estamos en un mundo onírico, el de la Lima en invierno, sus acantilados, su garúa y sobre su neblina capaz de todos los espejismos, capaz de engendrar duendes, seres fantásticos como aquella bella dama blanca que viene del mar, vestida de nubes, que atrae tanto a la pequeña Yolanda. La ambigüedad de la voz narrativa todopoderosa, que se dirige a la pequeña Yolanda, contribuye a reforzar el misterio. En efecto, al final la bella dama vestida de nubes se transforma en un ángel de la muerte. «Yolanda saltará en dirección al mar donde yo le tenderé los brazos sonriente».
Evelina, en «En memoria de Evelina», conoce la suerte de las niñas de los cuentos de Yeniva Fernández; es sensible, impresionable, pero de repente pasará del otro lado, como poseída por el demonio. La narradora que fue la preceptora de la niña Evelina, vuelve a San Mateo treinta años después de la muerte de la niña. En el cementerio de San Mateo, delante de la tumba de Evelina Müller recuerda su vida en la colonia alemana y la sorprendente historia de la hija del amo. La ambientación del cuento en una colonia alemana, la fuga de la niña con Daniel Pinto el músico, de noche por el río, ofrece no pocas similitudes con la aventura de la pequeña Margaret del cuento «Los carpincheros» de Augusto Roa Bastos, fascinada por los hombres del río. Aquí la narradora sigue interrogándose sobre lo que sucedió realmente aquella noche y sobretodo sobre el poder de atracción ejercido por Daniel Pinto no solo sobre la niña, sino también sobre ella. Sigue recordando «la indescifrable mirada que Daniel Pinto le dirigió a Evelina en el almuerzo junto al río (…), una mirada que regresa muchas noches a mis sueños, como un tornado que me empuja a un despeñadero en tinieblas». En el cuento «Rutka o la historia de algunas flores extrañas», la protagonista es otra vez una niña, Rutka, una joven polaca emigrada al Perú. La narradora, mucho tiempo después de los años de colegio, cree reconocer a la tía de Rutka que la había aterrorizado tanto un día, con su mirada helada, sus uñas como garras. Al reencontrarse con la tía de Rutka, el terror vuelve y lo que hubiera podido no ser más que un relato de recuerdos juveniles, cambia brutalmente de registro; ya franqueamos el límite de lo racional al descubrir que Rutka y su tía no son seres humanos sino que pertenecen a una casta extraña, dotada de poderes sobrenaturales. ¿Alucinaciones debidas a la fiebre o a los trastornos síquicos de la narradora ? La explicación racional ya no vale «(…) sé que no tengo nada que temer, porque el lazo que existe entre nosotras es semejante a la historia que ella me contó sobre esas flores extrañas y hermosas que nunca se marchitan y que solo crecen al borde de los abismos». Los fenómenos de transmigración, de metempsicosis, son procedimientos que privilegia Yeniva Fernández: mujer felina, mujer con garras, mujer pantera a lo Cat People como en el cuento titulado «Persona desaparecida» donde el ex detective Castiglioni cuenta cómo un día Adela Lozano solicitó su ayuda para saber lo que había pasado a Coqui su amante. El lector se entera de las «aventuras» amorosas de Coqui, de los celos de Adela por la bella Sara de ojos verdes y caballera larga, tan felina, y de la desaparición de los protagonistas. Pero una de las situaciones que domina mejor la cuentista es cuando en vez de irrumpir brutalmente lo anormal, lo terrorífico, un malestar inquietante va instalándose paulatinamente como en «Una noche en las Dalias». Por una serie de circunstancias, Natalia Gonzales se encuentra en la suite de luxe del hotel Las Dalias; ella, tan aficionada a películas sentimentales, parece prepararse para una noche de amor, realizando un sueño de amor sin amor, ya que el galán imaginario que inventó para hacer callar a sus colegas de la oficina no existe, a no ser que … «Cerró los ojos e intentó dormir, pero sintió un leve movimiento en la cama y entonces simplemente obedeció a sus sentidos, que le ordenaban darse la vuelta y darle la cara a la melodía y a la sombra cada vez más palpable que se acostaba a su lado.»

Un relato fantástico logrado crea en el lector una serie de emociones particulares, desde la incertidumbre, la intranquilidad, hasta el miedo, incluso el terror. Y el placer de la lectura consiste en abandonarse a este momento de duda, de vacilación, cuanto más excitante tanto que solo dura el tiempo de un libro. Y es precisamente este tipo de sensaciones que ofrecen los cuentos de Yeniva Fernández.

Fernández, Yeniva. Siete paseos en la niebla. Campo letrado editores, Lima, 2015, 156 pp.


Yeniva Fernández es escritora y columnista peruana. Ha publicado: Trampas para incautos (2009) y Siete paseos por la niebla (2016). Es colaboradora de la revista de crítica de cine “Godard!”. Vive en Lima.

Acerca de Françoise Aubès

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