Carnaval de las almas, de Herk Harvey

Carnaval de las almas, de Herk Harvey

Despersonalización social y sexualidad amenazante en el origen del nuevo cine de terror actual.

Estamos frente a una película que inaugura una nueva sensibilidad en el género del terror. Atípica en el panorama de su época, “El carnaval de las almas” (Carnival of Souls) es la base sobre la que se erige el nuevo cine de terror de nuestros días.

El primer y único film de ficción del director Herk Harvey nos presenta la historia de Mary Henry (Cadance Hilligoss) una joven organista cuyo auto, en el que viajaba junto a dos amigas, cae al fondo del río Kansas. Luego de tres horas en que las autoridades intentan sin éxito sacar a flote el automóvil o hallar a alguna de las víctimas, Mary aparece caminando desorientada a la orilla del río. Está ilesa, pero no recuerda como ha logrado sobrevivir al accidente. A partir de allí los esfuerzos de la protagonista por llevar una vida normal se verán frustrados por el acoso de una presencia fantasmal.

Rodada con un ínfimo presupuesto que apenas superaba los 30,000 dólares, la cinta pasó inadvertida durante su estreno en el año 1962 y no es casual que así fuera. En la década de los sesenta se produjeron títulos tan interesantes como: “Los pájaros”, “Arde bruja, arde”, “El pueblo de los malditos”, así como las principales películas de la Hammer y las adaptaciones de Roger Corman de los cuentos de Poe. Ninguno de ellos, sin embargo, nos muestra una trama y puesta en escena tan modernas como las de este pequeño film -con esto último me refiero a su duración (escasos 74 minutos)-, clasificado en su momento como de serie B o C, que con el tiempo ha alcanzado la categoría de culto y cuya influencia han reconocido directores como Georges Romero y David Lynch.

El carnaval de las almas
El carnaval de las almas

En esta película la cotidianeidad es expuesta como el escenario ideal para el horror. Aquí no vemos castillos, casas misteriosas, ni noches cerradas, vemos calles, almacenes de venta de ropa, estaciones de autobús y luz del día. Tampoco observamos elementos demoniacos, ni monstruos, ni animales amenazantes. Hay fantasmas, sí, pero su estirpe tanto física como simbólica, no se encuentra emparentada con cadenas, sombras o seres borrosos, ni con leyendas, venganzas o maldiciones. La naturaleza del mal, al igual que la historia misma, es ambigua, sugerente y abierta a múltiples lecturas. Fondo y forma resultan así renovadoras, pues Harvey apuesta por filmar en un sosegado blanco y negro, con buenos encuadres y una bella fotografía que potencia la atmósfera sombría e inquietante que impregna toda la cinta, donde la fuerza de la narración recae en las imágenes, en la música (un órgano tenso, crispante), en un leve ondular del movimiento de lo mostrado para marcar el tránsito de un estado a otro y la instauración de la insonoridad como un elemento perturbador.

Carnaval de las almas
Fotograma de la película

¿Qué pretende el hombre de traje negro de persigue a la protagonista? ¿Es la solitaria Mary Henry un fantasma escapado de la muerte o la muerte es la incomunicación y la incapacidad de relacionarnos afectivamente con los otros? Muchas son las interrogantes y los temas que explora “El carnaval de las almas”. Pero nos detendremos solo en dos: la representación de la sexualidad como amenaza y la crítica a la sociedad contemporánea que despersonaliza y convierte a los individuos en seres espectrales.

La escena que abre la película es del reto que lanza el grupo de muchachos a las chicas para una carrera de autos, la historia se inicia así como un desafío instigado por el género masculino y donde la aceptación de las chicas termina con el descarrilamiento del auto de éstas. La inminencia de la muerte presidirá desde entonces las relaciones de la protagonista con el sexo opuesto. Durante todo el desarrollo del film vemos que Mary Henry es acosada por presencias masculinas. El vecino impertinente que la pretende de forma grosera y el fantasma de traje negro que la sigue, que la busca, y que en una de las secuencias más emblemáticas del film, la del “baile de los muertos”, vemos que la sostiene en sus brazos, pueden leerse como la representación del deseo sexual del que la joven ha huido o “no ha sentido deseo” como ella misma lo expresa.

De otro lado, hechos que tienen lugar en la tienda de ropa o en la estación la estación de autobús, en los que la protagonista parece tornarse invisible para sus congéneres y vaga en un mundo inaudible y aterrador, no aluden acaso a la anulación del individuo en la sociedad de actual, donde los diferentes o los que rechazan las convenciones que impone el sistema, pasan a ser seres que nadie ve, que nadie escucha.

Película imprescindible para los que disfrutan del buen cine, “El carnaval de las almas” demuestra una vez más que el género fantástico puede aportar mucho al arte cinematográfico y al conocimiento de las pulsiones que mueven al ser humano.

El Carnaval de las almas, dir. Herk Harvey, EEUU, 1962.


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