Necesidad de una buena acogida a las mujeres extranjeras y Memorias de una separación, de Flora Tristán

Necesidad de una buena acogida a las mujeres extranjeras y Memorias de una separación, de Flora Tristán

La evolución del pensamiento de Flora Tristán: de extranjera a paria y de paria a proletaria del proletario

Recientemente la Editorial MYL (2022, Lima-Perú) ha publicado en edición bilingüe Necesidad de una buena acogida a las mujeres extranjeras y Memorias de una separación, dos textos claves que nos permiten comprender el desarrollo de la gran precursora del feminismo y el socialismo, la escritora franco-peruana Flora Tristán. La edición bilingüe, las notas y el estudio introductorio están a cargo de Mónica Cárdenas Moreno, reconocida docente y crítica literaria. 

Voy a referirme, en primer lugar, a la calidad de la publicación y la labor de la editorial MYL en el rescate de invalorables obras de la historia de la literatura peruana, sobre todo del siglo XIX. La opción de una edición bilingüe es importante para construir una recepción franco-peruana de los textos y reivindicar -desde una perspectiva trasatlántica- esta figura pionera de la defensa de la lucha por los derechos de la mujer y el socialismo. Es un acierto, también, que la traducción recurra a un castellano que corresponde cronológicamente con el francés de Flora porque es fiel al contexto histórico y lingüístico de producción del siglo XIX. Tanto la cronología biográfica como las notas críticas, las ilustraciones de las primeras ediciones que acompañan a los textos implican un serio trabajo de archivo al que se suma un breve, pero agudo análisis. 

Quiero destacar la importancia del criterio de selección de los textos estudiados y publicados dada su trascendencia en el proceso de formación de la autora y como testimonio y fuente primaria de la situación de la mujer en Francia durante el siglo XIX, y por supuesto también en el Perú. Estos dos aspectos son cubiertos analíticamente en el valioso estudio introductorio de Mónica Cárdenas, a los que añade la perspectiva de su vigencia actual en pleno siglo XXI. 

El trabajo de edición se ha realizado respetando la particularidad de cada texto, seguido inmediatamente de su traducción. El primero Necesidad de dar una buena acogida a las mujeres extranjeras incluye los estatutos de la sociedad que propone crear, y el segundo, el documento judicial –Memorias de una separación– se presenta en formato de dos columnas, configuración que permite contraponer -editorial e incluso gráficamente- la postura de defensa de los derechos de la mujer de Flora en su vida y en su obra, y esbozar la imagen de masculinidad prevalente en el periodo, manifestada explícitamente en los alegatos de réplica del Sr. Chazal a la demanda de separación de cuerpos que hizo Flora en los tribunales. 

Coincido con el estudio introductorio cuando plantea que hay una evolución del concepto de extranjera propuesto por Flora en su folleto sobre la acogida a las mujeres extranjeras y el concepto posterior de paria que desarrolla en sus Peregrinaciones, a lo que yo añadiría que los vasos comunicantes llegan hasta su Manifiesto Unión Obrera. La metáfora de paria nos remite a la imagen de sectores excluidos y marginalizados en la sociedad y tanto en su folleto de acogida como en el de la Unión Obrera propone la necesidad de crear organizaciones asociativas de solidaridad desde una perspectiva internacionalista.   

Es importante revelar los diferentes ángulos desde los que se aborda el concepto de extranjera.  En primer lugar, se trata de la situación de la mujer que simplemente por venir de algún otro país enfrenta el problema de rechazo y falta de hospitalidad de la sociedad a la que viene de visita. Pero el concepto de extranjera Flora lo extiende a las mujeres de diferentes sectores sociales que se desplazan al interior del propio territorio, e incluso de la propia ciudad o capital metropolitana como París, mujeres que, al no ser acogidas, no pueden cumplir los objetivos de su viaje o de su búsqueda, sea este cultural, legal o económico. Es más, enfatiza que el problema se da cuando se trata de mujeres solas. La ausencia de acompañamiento de una figura masculina implica la posibilidad de la agresión y el acoso. El problema se agudiza cuando se trata de mujeres de los sectores más empobrecidos de la sociedad. 

Entonces, lo que Flora está cuestionando no solo es el trato marginalizador a quienes se desplazan, sino reclama fundamentalmente la defensa de las mujeres y su derecho a vivir como seres libres e independientes, y propone unir a hombres y mujeres en la tarea común de enfrentar el acoso y la agresión de la que son objeto.  

En segundo lugar, Flora asume en la práctica las banderas de 1789 y muestra la naturaleza inconclusa de esta revolución democrática. Profundiza lo ya planteado por Olympe de Gouges en 1791 en su Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana, texto que desenmascara que tras la Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano de 1789 no se incluía, en realidad, al 50% de la población, las mujeres. El universal hombre no incluía a los extranjeros, clara manifestación de colonialismo, ni a las mujeres, característica de una sociedad machista y patriarcal. 

Además de detectar la evolución de este concepto, el estudio inicial nos muestra la vigencia del problema respecto de la situación de las mujeres solas en el contexto de predominio de familias monoparentales, y la importancia de la demanda de patria potestad o reclamo de autoridad legal sobre los hijos como mecanismo social de presión frente a las mujeres, así como la necesidad del reconocimiento y los derechos de los hijos denominados “naturales” o bastardos.  

La situación de destierro, de exilio, en la que se encuentran las mujeres es un problema que -como lo señala el estudio- sigue aún vigente 200 años después, mujeres forzadas a asumir la responsabilidad de cuidados en la vida diaria de la familia en sociedad y en situaciones desesperadas de sequías, hambrunas o migraciones y desplazamientos, sean internos o externos, frente a problemas políticos, sociales y económicos, mujeres en riesgo y vistas como botín de guerra en conflictos bélicos. La sociedad las quiere confinar al espacio privado y cuando ellas quieren desplazarse y acceder al espacio público son maltratadas y forzadas a abandonar sus proyectos de vida. También sigue vigente, la necesidad de actuar colectivamente, como proponían los estatutos de la sociedad creada por Flora en el siglo XIX y los colectivos que se organizan en nombre de la sororidad en el siglo XXI para ejercer el derecho al reclamo desde una perspectiva de género.

En el segundo texto, Memorias de una separación, lo más importante es el contraste entre las acciones de Flora para defender su derecho a una vida independiente, conseguir el divorcio del Sr. Chazal y obtener la custodia de sus hijos, y la mirada misógina de su marido que la acusa de auto marginarse de la sociedad y convertirse ella misma en una paria. Mientras en Peregrinaciones de una paria, Flora asocia dicho término a la acepción del diccionario: “persona excluida de las ventajas de que gozan las demás, e incluso de su trato, por ser considerada inferior” y culpa a la sociedad francesa y peruana de su situación de marginación, la de ella en particular, y la de las mujeres, en general, su marido, André Chazal, ignora el carácter literario de su libro y utiliza lo afirmado por ella para acusarla de deshonrarlo y de rechazar su papel de madre y esposa.

El carácter de réplica del documento jurídico ilustra los argumentos y contra argumentos de los litigantes. Mientras Flora pide la separación de cuerpos denunciando un matrimonio impuesto, la quiebra económica de la familia producto de malas inversiones y adicción al juego del marido, así como el acoso y abuso sexual de su hija, Aline, las respuestas de Chazal muestran la mentalidad de las masculinidades de la época, avaladas por el sistema jurídico judicial de ese entonces. Como correctamente señala Mónica Cárdenas en la Introducción, lo que el marido ataca es el deseo de libertad de Flora, tal como lo revela en su argumentación: “Lo cierto es que quería ser libre, vivir como una mujer libre en todo el sentido de la expresión, y que desde ese momento estuvo preparada para su rol de Paria” (p.58).

Atribuye la incapacidad de controlarla, al que ella no conozca “los frenos usuales a los que todos nos sometemos” (p. 54), es decir, que no acepte las exigencias y convenciones sociales de la época de lo que debía ser una buena madre y esposa. Frente a las denuncias y cuestionamiento de los reales propósitos de posesión de Aline, su hija de 11 años y medio, Chazal se defiende de la siguiente manera: “quería apartar a esta niña de las influencias peligrosas de su madre; quería y quiero que mi hija, a través de su educación sea una buena ama de casa, una buena esposa, una buena madre y no una soñadora, una Paria” (p. 66). 

La importancia de su primer texto publicado sobre la acogida a las mujeres extranjeras y aquellas que viajan solas se muestra en la propia reacción de Chazal en su juicio de separación de cuerpos. Chazal recrimina a Flora porque estuvo de viaje por España, Inglaterra y las Indias, y califica estos viajes de trabajo y búsqueda de su herencia para tener una fuente de ingreso independiente y poder mantener a su familia, como una práctica misteriosa, sospechosa e incluso culpable. La acusa de llamarse señorita cuando es casada y con hijos. No logra doblegarla ni siquiera contando con el apoyo de los funcionarios policiales de la comisaría y los fallos del Poder Judicial. Plantea que, si no separa a la niña de su madre, ella “puede perderse y contraer hábitos perniciosos” (p.96).

En realidad, Flora solo está retomando y radicalizando la famosa divisa de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad, Fraternidad, banderas que surgen como una herencia del Siglo de las Luces y solo se impondrá luego de los acontecimientos de la Comuna de París en 1870 y el nacimiento de la III República. Sus textos constituyen parte del conflicto ideológico, político y social entre la burguesía y los partidarios de la monarquía y el Imperio que duró casi un siglo antes de que la primera se consolidara en el poder.  La lucha por la acogida a las mujeres extranjeras y el derecho al divorcio son parte de este proceso. Como señala Mónica respecto del divorcio en su estudio preliminar: “Si bien el código napoleónico contemplaba el divorcio siguiendo la autorización aceptada por la ley del 20 de septiembre de 1792, esta institución fue abolida bajo la Restauración en mayo de 1816 y no será restablecida sino hasta el 27 de julio de 1884, bajo la Tercera República” (p. XXXIII).

Ambos textos se publican durante el periodo de la denominada Monarquía de julio, bajo el gobierno de Luis Felipe I de Orleans, etapa de conflictos entre los republicanos, los monárquicos liberales y los ultraconservadores en los que las fuerzas aristocráticas luchaban por la recuperación de sus bienes y el control del poder político. La Iglesia, por su parte, buscaba recuperar su presencia e influencia en la sociedad y mantener su participación y convivencia con los poderes temporales y fácticos. La anulación del derecho al divorcio fue una manifestación de esta nueva correlación de fuerzas posteriores a la Revolución francesa. 

¿Qué proponía Flora Tristán? La igualdad de las mujeres respecto de los hombres, su derecho de ciudadanas a no ser marginalizadas por su condición de mujeres, el rechazo al confinamiento y el extrañamiento de la que eran objeto, su derecho a desplazarse, a viajar, y a poder hacerlo solas, al igual que sus pares masculinos, su derecho a ampliar sus horizontes sociales, educativos y culturales, a acceder a una educación y a ser acogidas, protegidas y defendidas por la sociedad. La defensa de la mujer debía darse independientemente de su condición de connacional o extranjera porque en realidad lo eran en ambos casos. Un llamado de esa naturaleza tiene también connotaciones anticoloniales porque la defensa de las mujeres extranjeras extendía el derecho de acogida fuera de las fronteras del naciente imperio colonial, cuando incluso la Revolución Francesa reconocía los derechos de los ciudadanos (hombres) franceses, pero no la de los esclavos en los países coloniales.

Reivindica también la libertad, esa demanda tan cuestionada por Chazal y la sociedad patriarcal, libertad de elegir marido sin imposiciones ni obligaciones, libertad de exigir la separación de cuerpos y el divorcio, libertad para trabajar y garantizar su independencia económica, libertad para poder viajar sin autorización de alguna autoridad masculina, sea el padre o el marido, como si las mujeres fuesen menores de edad. 

El último aspecto de la divisa libertaria de la revolución francesa asumida por Flora es el de la fraternidad, perspectiva asumida como un llamado a formas asociativas de organización en defensa de los derechos de las mujeres, antesala de su llamado posterior a la formación de la Unión Obrera, organismo que debía constituirse teniendo como una parte fundamental de su estructura a las mujeres, consideradas estas en la evolución del pensamiento político de Flora, primero como las extranjeras, luego como las parias, y finalmente, como las proletarias de los proletarios. 

Su propuesta está claramente influenciada por los planteamientos de Fourier entre otros socialistas utópicos de la época, pero se nutre de su propia experiencia. Sus paseos por Londres y su viaje al Perú son claves en el desarrollo de su conciencia sobre la situación de la mujer en general, y de la mujer extranjera en particular. Tal como señala Mónica en la Introducción de los textos: “El proyecto de Tristán se inspira en los falansterios de Charles Fourier quien defiende la idea de las asociaciones agrícolas organizadas para hacer frente a la explotación, la desigualdad social a partir de la injusta repartición de la riqueza. Los falansterios deben abolir la propiedad privada individual, la jerarquía y, por lo tanto, la competición. Es dentro de este contexto utopista que la propuesta de Flora Tristán se posiciona, ya que la asociación en favor de las mujeres extranjeras, cuya creación propone, se basa en la solidaridad y el altruismo en contra del egoísmo que caracteriza a las sociedades capitalistas” (p. XXX).

Efectivamente, el planteamiento republicano de fraternidad, retomado por los socialistas utópicos desde la perspectiva del asociacionismo, se materializa en los estatutos redactados por Flora en los que combina, como señala la editora, las nociones de ciudadanía y solidaridad, pero que no se propone la creación de pequeñas islas de comunidades modelos, sino una organización para la acción de tareas inmediatas en el seno de la vida diaria de las mujeres al interior del sistema capitalista, organización que defiende en su concepción una orientación internacionalista de la problemática. 

Su defensa de las mujeres extranjeras es un llamado a la acción y su postura en el juicio para la separación de cuerpos y su negativa a doblegarse, la defensa de una opción de vida.  La publicación de estos dos textos, por primera vez en castellano, es un paso más en el rescate del legado de Flora Tristán en el Perú y una lectura obligada para los y las investigadoras y activistas. Tal como plantea el estudio preliminar, el rescate histórico y el llamado a la acción de esos documentos, siguen aún vigentes doscientos años después. 

Tristán, Flora, Necesidad de dar una buena acogida a las mujeres extranjeras. Memorias de una separación. Edición bilingüe, traducción y estudio preliminar Mónica Cárdenas Moreno. Lima: Ediciones MYL, 2022.

Fotografía: Pieza de teatro «Flora Tristan , le dernier voyage»


Flora Tristán (París, – Burdeos, 1844) fue una escritora y pensadora franco peruana, feminista, fundadora de la Unión Obrera y autora del clásico Memorias de una paria.

Acerca de Yolanda Westphalen

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One thought on “Necesidad de una buena acogida a las mujeres extranjeras y Memorias de una separación, de Flora Tristán

  1. Me encantó la crítica, muy bien diseñada y argumentada.

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