Tres poetas que desalojaron la herida de nacimiento y se instalaron en una revolución cósmica radical

Tres poetas que desalojaron la herida de nacimiento y se instalaron en una revolución cósmica radical

Tres poetas que desalojaron la herida de nacimiento y se instalaron en una revolución cósmica radical. Juan José Rodinás (Kurdistán), Mariela Dreyfuss (Pez/ Fish) y Tania Ganitsky (Desastre lento).

12 (décimo segunda edición) del Festival de Poesía en Chepén Chepén.

Este 2021 venimos aún en formato Virtual, pero con el entusiasmo muy comprometido, gracias a una solvente comunicación, agregada a esta fórmula de trabajo en conjunto, lecturas por mil y un cariño entrañable dentro del equipo organizador; hemos tenido la enorme fortuna de convocar a un grupo esplendoroso de poetas:

James Quiroz, Carlos López Degregori, Mariella Dreyfuss, Victoria Mallorga y Rodrigo Luque desde Perú y como invitados nuestros vecinos: un águila, un caballo, una gallina, una gacela y un pájaro al viento, quienes nos sorprenderán con sus propuestas literarias. (México, Ecuador, Chile, Colombia y Argentina)

Las representaciones de los poetas extranjeros invitados con animales emblemáticos son arquetípicas, bio- construcciones que ellos mismos simbolizan en sus líricas personalísimas para encarnar en símbolos geométricos que escapan a sus geografías y se convierten en artífices de una rapsodia lograda más allá de la bohemia y del quehacer literario latinoamericano, concentrándose en su devenir filológico hasta una exhalación metafísica de la lengua.

Escritores exigentes y exigidos tres de los poetas invitados, personifican sus generaciones, espacios geográficos con propuestas muy distintas. En esta entrega para Las Críticas, una breve reseña de estos poemarios imprimiendo diligencia, sobriedad y belleza (siempre la belleza de la profundidad del pensamiento).

Juan José Rodinás. Kurdistán.

Materia prima que incluye una Flor islámica en Bruto.

Tengo la suerte de conocer al Master Rodinás en persona, en una visita a Quito le escuché leer un poema y supe porque le dicen “el master Rodinás”. Suerte por segunda vez al sumergirme en “Kurdistán”, ya no por el mero placer de leerlo sino encontrar esas inalcanzables e inefables conexiones que hacen de Kurdistán lo que es: Una bellísima Flor en Bruto, camino a ser diamante puramente espiritual… 

La expresión diamante en Bruto, en este caso no es la misma que se usa coloquialmente para decir que a un producto le falta trabajo para llegar a la perfección. En este caso la materia en Bruto quiere, al contrario, ir al fondo del ímpetu primigenio que mantiene salvaje y vivaz la palabra creativa, un placer volcánico que no necesita cinceles o fraguas plásticas, porque lo que quiere mostrar es la simetría interior: latencia impredecible.

Ecuador es un país pequeño en tamaño en comparación a sus vecinos, pero con poetas de una lucidez cósmica que muestran una capacidad sobresaliente en cualquier medida geográfica. La conectividad y tejido caustico (no sólo de Rodinás, sino de varios y varias poetas, demuestra su capacidad para relacionarse con sensibilidades traicionadas, heridas más lejanas y aturdidas). El lenguaje de Rodinás en Kurdistán ahuyenta el fantasma de las imposibilidades. En este conjunto de elucubraciones, un caballo ha tomado las riendas y juega ajedrez con el lector. 

El pueblo Kurdo es una amalgama socio-cultural repartida en varias naciones: Irán, Irak, Turquía y Armenia, pero que dentro de esas tierras ha tenido una genealogía y sacralidad distintas al poder imperante, es un pueblo que ha sobrevivido embistes, guerras, depredaciones y enemistades pulverizadoras.

Acaso Ecuador también es un pueblo compelido a tener una mesura geográfica escueta, pero se han sostenido en la audacia y la fibra de los caballos más inteligentes que se hayan desplazado en un tablero de ajedrez. Quizás los caballos de Rodinás no sólo son niños con un coeficiente intelectual altísimo disfrazados de centauros eternos, sino que juegan otros juegos orientales, en tableros de exquisita diagramación y ganan por walk over, es decir el lector ni cuenta se da que ha sido conjugado en una partida y después de ser samaqueado por la propuesta poética, lo único que nos queda, es decir: Ganaste Potro, jaque al revés, porque el escriba nunca lo declara. 

JJ, como otros también le llaman ,dice que jamás escribirá poemas militantes, pero Kurdistán es un ejército de 6 cuerpos; uno en miniatura, otro en pleno despliegue del paisaje, otro de naturaleza nórdica, otro es una bestia con trompa y escamas, siempre un ejército de laboratorio escapando de la dimensión sideral para mantenerse alerta frente a las vicisitudes de la terrible tentación de la dualidad. Rodinás lo sabe, ningún lector va a leer más de lo que sabe, y con eso el enclaustra su propia mirada agudísima sobre las cosas y las direcciones que toman los vientos, para explicar que la derecha no es la izquierda y que si no igualas a Paul Celan con Takashi Miike, has perdido la partida para siempre.

Luis Eduardo García otro de los excelentes poetas invitados al Chepén Chepén, dice sobre Kurdistán: “En sus terrenos el lenguaje puede olvidarse de cargar la roca cuesta arriba. Para dedicarse de lleno a la pesca a mano limpia, a buscar insectos brillantes en los vertederos”.

Juan José Rodinás. Kurdistán. Grupo editorial “hijos de la lluvia”, 2017.

 

Mariela Dreyfus. Pez / Fish.

Simbiosis de un pez hembra con una manzana de fierro.

Mariela es una poeta peruana perteneciente a una generación que rompió la pecera limeña y tuvo las branquias necesarias, agallas y suficiente respiración artificial que le permitieran crear un nuevo hábitat. La nueva Mariela se instaló en una zona, también acuosa, diligente se nutrió dentro de una manzana de metal, atravesada por vidrios importados de todas las latitudes de la tierra: la ciudad de Nueva York. Si bien su poética se transmutó a palabra universal gracias a esa nueva gravidez kármika de la metrópoli cultural más importante del imperio norteamericano, su sensibilidad de pez salido de aguas suramericanas, se bambolea en ese nuevo espacio -tiempo alimentando a sus congéneres con una genialidad que conlleva la fiereza de  los supervivientes del jurásico pero que han  transmutado hacia una nueva multiculturalidad, empezando por  la aceptación de un bilingüismo urgente  entre el español y el inglés, combinación  cotidiana en su dialéctica vital.

Pez/Fish, a bilingual edition. Es un libro con textos que manejan el lenguaje de las primeras conexiones y balbuceos hasta conseguir  una arquitectura de complicada gramática entre luces, aguas, sombras, algas y mitologías marinas que han revertido la vida bajo del vientre generador de imágenes, o “ intrauterina” para resignificarla  en una  vitrina a los ojos de un mundo multilateral, multilingüe, multimetafórico que no  decae con el peso de su  conglomerado si no que se mantiene a flote gracias a una numerología casi cabalística que abre un nuevo código de emergencia más allá del famoso 911 norteamericano.

La autora de “Memorias de Electra”, (Orellana y Orellana editores)  con una voz irresistible  que   coadyuvó a la destrucción de  los paradigmas  peruanos en una patria aun apegada  al colonialismo  patriarcal o a una vanguardia marginal con las que la poeta no comulga, se lanza a la creación de una Matria novísima y metálica en la fundación de una nueva ciudad biológica, semántica donde ella es la generatriz  de un nuevo articulado en principio  por dos lenguas: el español y el inglés, pero que  irradian una capacidad pulmonar  que abarca toda la gran manzana.

El libro empieza con un epígrafe de Wislawa Szymborska que sostiene una tensión, no sólo en sí misma, sino que aumenta el conflicto en la traducción:

“Procreadora del hombre con quien salto sobre el fuego”

-Genetrix of the man with whom I leap through fire.

Más o menos un Ni contigo, ni sin ti, en eterno movimiento.

A través del libro hay un atrevido andamiaje de nubes, números y el horror al claustro o vientre metálico que sólo es salvado por una palabra emergida de la profundidad de otra semiótica, neoyorquina, hembra, bacterial, parturienta, bilingüe y acogedora a pesar del peor incendio creado por los poderes fácticos.

Mariela Dreyfus. Pez / Fish. Traducido del español por E. M: O’Connor, por la Editorial Nirala Series el 2014.

 

Tania Ganitsky, Desastre lento.

Tania es un sastre, ser sastre no es una exclusividad del género masculino, la sastre, en este caso, hace cosas que él o la modista / costurera no saben: recrea el traje de un hombre con la medida exacta de la espalda. El sastre no se permite un centímetro de equivocación entre la tela y el cuerpo. Tanya es un sastre porque tiene un cajón donde guarda la magia de los amores que parecen misteriosamente yuxtapuestos, en canutos y moldes recortados de tigres adormecidos por su propio amo. El cajón de un sastre es eterno, guarece la comisura de un silbido y el toque sutil de una selección azarosa de joyitas privadas que no podrían coleccionarse de otra manera.  Poner a Goya, junto a una “Jungla”, hacer un haiku cerca de la descomposición poética en Emily Dickinson y recrear una serie de montajes antes de atreverse a soñar los olvidos de Fernando Pessoa, requiere ese arte doméstico, juglar y a la vez exacto de quien conoce la medida de los secretos del hogar y la palabra que los mantiene tibios a pesar del apocalipsis exterior.

¿Qué pasa con este conjunto de poemas escrito por esta poeta colombiana (Bogotá 1986)?, Tania juguetea con esa alquimia de los objetos conocidos que aburren con su condición estática  y los  destroza para desplazarse lentamente hacia otra dimensión de sentidos, Ganitsky hace conversiones casi teatrales de palabras que lleva de la mano como un esparcimiento infantil que consiste en nominar la imposibilidad de ser piel roja en la lentitud de una marcha fúnebre  hacia la desaparición del Todo. Tanto preocuparse de albergar sonidos y tesoros literarios entre la memoria y el miedo a su extinción, el único recurso para este sastre es deshacer lo acumulado en el cofre y recomponerlo en el orden lineal de su potencial desaparición.

El inefable temor a la muerte está disfrazado de esa mirada lúdica, memoriosa y sonora de momentos poéticos extáticos, Celan, Toro sentado (nombrado en inglés) la abuela Lía o Erick son recursos rizomáticos de la olla común. Los estigmas culturales poetizados están al borde de la desaparición, esa inquietud de perennizarlos hace de la voz poética un artífice de un nuevo traje para la palabra. Coloca su maniquí desnudo en medio del cajón de arena donde la memoria lúdica del afecto que aún no complica y sólo abraza, acompaña pasito a paso, poema tras poema, a descorrer el velo de la vestimenta sobrante, la empuja a entregarse al abismo de traspasar puntada a puntada su desnudez devastadora hasta deshacerla en cenizas.

Tania Ganitsky, Desastre lento. Universidad Externado de Colombia. (Selección Un libro por centavos. N° 147).


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