Darth Vader & Yo, de Cristian de Nápoli

Darth Vader & Yo, de Cristian de Nápoli

La princesa Leia y yo

Acabé “quasi” de terminar la lectura del tomo de cuentos de Cristian de Nápoli, Darth Vader & Yo.

Una mezcla de sabor a queso blanco con dulce de membrillo, unos sorbos de mate amargo mientras afuera llueve y mis cientos de pasos hacia Entreríos 1010 para visitar a mi ex enamorado han vuelto a la memoria. Cristian también pasó por el Festival de Poesía en Chepén Chepén, nos acompañó no sólo como escritor, gestor cultural, sino traductor e intérprete de la poeta brasilera Angélica Freitas. Después de esta deliciosa lectura porteña dulce-amarga, he juntado las piezas que tengo del Rompecabezas “De Nápoli” …: su mar de libros, (él gestionó ese inolvidable festival de poesía “Salida al mar” por varios años), su lengua de ríos sureños y la guerra de las Galaxias. Pero esa operación argentina -que yo también comparto- de sentirse a veces latinoamericano, a veces súbdito del imperio gringo de cultura Pop y películas taquilleras, e hijo imposible de Europa, se organizan en Cristian de una manera más racional, porque se le suma “la Finlandian gaze” (que es una Europa casi oriental y helada donde aparece un distanciamiento entre la historia y el narrador no tan común en la glotis rioplatense, mucho más simbiótica entre Narrador y lo narrado). 

Hace un par de años llegó este libro a mis manos (de Imposible Ediciones) y logré leer un solo cuento, “R.A.T.T.A”. Me generaron mucha curiosidad los referentes que Cristian usaba, su narrador casi erudito. Digo casi porque la coloquialidad de barrio de otros escritores argentinos se entremezcla en la narración y reajusta su lenguaje de tal forma que supera con creces la idea de la historia.  Surge, entonces, la maldita duda sobre el foco que él pretende lograr en el lector. No voy a nombrar a ningún tótem literario argentino, pero muchos de ellos han aprendido de sus grandes maestros a mostrar la intertextualidad e interconexión con la “madrastra Europa” de una manera “barrial”, reformulan los símbolos inalcanzables de las grandes culturas y los reeditan casi como fascículos para el quiosco de la esquina, sin caer en culpa ni pecado. Y lo hacen de una manera formidable, alcanzable, legible y sobre todo amable. El lector de a pie acaba enamorándose del enemigo.  Por eso de Nápoli  logra en estos cuentos estar a la altura de Darth Vader.

Pero la erudición del autor en ese primer cuento, tenía un cierto peso tecnológico y una invitación al lector a autoanalizarse si al menos había visto la mitad de la saga de George Lucas, entonces postergué la lectura hasta que el limonero vecino me susurró que ya era tiempo de entrarle a todos los demás cuentos.

Si una de las funciones del lenguaje es conmover o destraumatizar algún intercambio lingüístico, percibí que, a través de estos textos, el autor tenía en mente un objeto matemático, como explica Enrique Bernárdez en un estudio de la Universidad Complutense de Madrid sobre aventuras y desventuras del concepto de lengua. Entonces comprendí que esa descientificación de la lengua rioplatense, tenía un efecto político importante: esa revitalización a través de la experiencia bicontinental (Europa occidental y Mercosur (mejor dicho, Brasil, Argentina y Paraguay como herederos del guaraní), querían transformarse de tal manera que metáfora, vida y representación se resumieran en un autor-escritor muy presente y actualizado.

Darth Vader” y yo son 14 cuentos, donde la mayoría son magníficos. Los demás no es que no lo sean, pero uno siempre tiene favoritos, y lo bueno de un conjunto de historias, es que no todas tienen el mismo peso.  Mi favorito fue “Agua de Nápoli”. Un cuento logrado en los aspectos que me importan: la forma de la historia, el contenido de la misma, humillando de modo magnánimo al pequeño macho Darth Vader, en un acto de romanticismo literario, pero honesto. Nada de politiquerías igualitarias. La diferenciación entre los aspectos rioplatenses y la mexicanidad violenta, muy sutiles. Y la agüita, el nombre…, (se llama Julia), le daría un premio a la redacción, a la dramaturgia, contraposición paisajista sudaca… humor, etcétera, etcétera, etcétera.

Este enemigo Vader, realmente resultó un verdadero cómplice de de Nápoli que con sus sutilezas extraterrícolas ha cooperado con el escritor para que vaya urdiendo buena telaraña literaria. Desde su galaxia hace de Nápoli un cuentista on motion que va y viene de diferentes estrellas abriendo y cerrando naves nodrizas, para narrar lo que ve dentro. Ahora me toca desestabilizar ese equilibrio y convocar a la princesa Leia, toca seguir leyendo “Moni” que es el último cuento.

De Nápoli, Cristian. Darth Vader&Yo. Ediciones Imposible, 2015.


Cristian de Nápoli (Buenos Aires, 1972) es escritor, traductor, editor y librero. Ha publicado, entre otros, Límite bailable (1999), La navidad de los autos (2002), El ring (2005), Palitos de agua (2005), Los animales (2007) y El pueblo le canta a sus familias disfuncionales (2012). En las bateas expuestas. Crónicas del amor y el hartazgo con los libros (2020). Es traductor del portugués y del inglés. Dirigió la editorial Black & Vermelho y el festival de poesía Salida al Mar, está a la cabeza de la librería Otras orillas.

Acerca de Julia Wong

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