El Espía del Inca, de Rafael Dumett

El Espía del Inca, de Rafael Dumett

El último quipu azul. Ocaso de un nudo

Ensayo crítico sobre El Espía del Inca de Rafael Dumett

Volver al universo del registro de la historia, la contabilidad del debe y el haber, o la sumatoria algorítmica de una civilización a través de un sistema sofisticado de nudos hechos con cuerdas de colores, no sólo podría resultar atemporal para el lector actual, preocupado por urgencias sanitarias, sino resultaría poco urgente cuando los sistemas oficiales que interpretan las estructuras culturales, dan poco espacio a los vencidos y sus nostalgias.

Sin embargo, existe una página en la historia del arte y la literatura que sí reivindica de vez en cuando con glorias y un quasi justiprecio a quien crea una historiografía propia en profundo diálogo con las narrativas oficiales. Quedaré en deuda después de este texto con Rafael Dumett y sus estudios sobre la Historia del Perú, la importancia de los Quipus y su imaginería colosal para construir este compendio de saberes ancestrales sumados a un intento pedagógico de aclarar a una nación completa, mejor dicho a un continente, la importancia de una cultura donde se ha originado nuestra vitalidad, transmitida a través de un sistema de lujo, complejo, difícil de interpretar, con un aura de misterio como era la narratología de los quipus.

Aunque también Dumett podría resultar un buen guionista para series de espionaje hipermoderno por la estructura de personajes y entripados convocados con agilidad, picardía, fluidez para crear diálogos dentro de un organigrama complicado con protagonistas inteligibles que empiezan a cobrar carisma, cambios de nombre a medida que asumen un estatus distinto y renovado en la jerarquía. Vale recalcar la importancia o aprecio a través de acciones o descripciones casi esculpidas desde el sonido. Este libro es un himno nostálgico a una escritura hecha con cuerdas, con colores y con nudos. Más que eso es un himno a la propia interpretación, como fue la que hiciera Yunacpacha, nuestro «espía», del Zeitgeist en el momento en que “Los Barbudos” tomaron cautivo al último inca. El espía del inca, un monumento a la investigación fidedigna y a la recreación de la teatralidad de la transición más importante en la historia del Tahuantinsuyo, (el reino de las cuatro direcciones), puede resultar como un juego de abalorios hecho con pita o cuerda. (No puedo evitar recordar un juego con pabilo con el que mi padre nos hacía y deshacía figuras geométricas con sólo mover un dedo, me dijo que se lo había enseñado un campesino de la sierra, aún no he averiguado de dónde proviene ese juego, quizás me tome 11 años descubrirlo como a Dumett).

Los quipus resultan una estructura comunicativa, que podría llamarse idioma tejido, y que pretendía mantener el gran secreto de su gloria gracias a un esquema de contabilidad y registro. Un sistema que narra la actividad numérica e intelectual de una élite a pesar de sus muchas fracturas y fragmentaciones. O quizás ese devenir no es a su pesar, si no a su favor, porque sus entripados (melodramáticos) son la razón de la belleza y el ser del tejido. Un Mural hecho de nudos. Un juego de abalorios. Ni Yunacpacha, ni Atahualpa son Joseph Knecht, pero la destreza de ambos en el saber y sus consecuencias, puede asemejarse a una Matrix atemporal que cada cierto tiempo permite a algunos iluminados escogidos destacarse por manejar saberes que interrelacionan el espacio, tiempo y la memoria. Saber leer el tiempo y ser visionario. En el caso de los Incas, la formulación de los quipus estaba hecha para ser decodificada por una élite, su disposición impedía que alguien que no supiera descifrar la “big picture” como decimos ahora coloquialmente en inglés, que nadie que no fuera iniciado pudiera siquiera tener una aproximación al mensaje que llevaba encriptado.

Pero al mejor espía, “al más sapo” se le quema el arroz o se le escapa la liebre. Esta es una historia ficticia pero que convoca y alude a un conocimiento real, de cómo las bases resquebrajadas hacen que la pirámide se derrumbe, quizás porque en lugar de transmitir la poesía que pretendía transmitir el quipu para la salvación del reino, deviene en un simple y banal chisme que destruye todo intento de sublimación espiritual. Si quiere actualizar: véase noticias referentes a chuponeos, audios viralizados, compadrazgos deshechos, traiciones entre partidarios, ya sea en el mismo Congreso o en sendas instituciones del Perú republicano, por lo visto el ADN del gran imperio continua jugando las mismas estrategias de “serruchadas de piso” o “serruchadas de quipu”.

El espía del Inca es un libro de 778 páginas, (hay que hacer alarde de la cantidad de páginas, porque no es fácil lanzarse a la aventura de leerlas sin sentir que el entramado de un volumen de este tipo va a requerir otras herramientas de ayuda para comprender su belleza y su intención educativa, si es que la tuviera). Hubo momentos en que la frase: un nudo más y mato a Dumett, pasó sin aspavientos por mi cabeza.

Esta investigación personal del autor es un quipu gigantesco de dieciséis series de cuerdas con sus respectivos entrecruces que cuentan un espacio-tiempo-intervención-conexión del Imperio Incaico en el momento del descenso, un período donde la realeza inca se resquebraja en sí misma por haber logrado su zenit. En medio de las pujas internas, traiciones y malos manejos entran en juego “los barbudos” con una lengua nueva y una manera totalmente distinta de contar y narrar la historia de las cosas.

Dumett nos trae la memoria de un tejido que despliega su majestuosidad al mostrarse abiertamente ante los lectores como una revelación que ha cobrado vida 700 años después, personajes como Huáscar, Atahualpa, Felipillo, pero sobre todo Yunacpacha y sus cambios de identidad, para pasar factura de su profunda importancia y cobrar lo que le adeudamos. En mayor o menor medida los peruanos, o culturas latinoamericanas que tuvieron al Imperio Incaico como ombligo u origen de lo que llamamos ahora naciones o sociedades ancestrales, llevamos formas, pesares, o alegrías de ese misticismo que nos ofrenda y la vez nos reclama una suerte de fidelidad a ese umbral en constante interrelación con su pasada identidad.

Es un ejercicio arqueológico y antropológico de la civilización Inca, sus placeres y pesares, sus miedos, y el comienzo de su gran metamorfosis, cuando se ven minimizados por la entrada de nuevos actores político-económicos que van a desestabilizar los valores y esquemas del incario. Pero que curiosamente no es visto como una gran tragedia, sino como parte de un continuo.

Ahora ya no tejemos quipus para contar los avatares políticos, los barbudos nos han dejado un alfabeto y Zuckerberg junto a Gates otro, pero en “gross und ganz” como dicen los alemanes, es la misma chola con diferente calzón. Se trata de contar una historia con diagramación personal.

Creo que más allá de las intenciones del autor de recuperar la importancia de los quipus, cómo se anudaban, sus colores y refrescar la memoria de lo que fue esa lengua inmortal de los antiguos incas, esta novela es una defensa a la interpretación y a la traducción.

Ningún mensaje estaba creado en su totalidad hasta que no fuera decodificado por un agente.

Le toca al lector, volverse un nuevo agente, leer a Dumett y crear su propia interpretación.

Dumett, Rafael. El espía del Inca. Lluvia editores, 2020.


Rafael Dumett es un escritor y académico peruano. Estudió Lingüística y Teatro. Se especializó en Dramaturgia en La Sorbona y fue guionista de documentales. Es profesor universitario y vive en San Francisco, California.

Acerca de Julia Wong

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