Rojo, de Lucy Fernández

Rojo, de Lucy Fernández

Rojo, de Lucy Fernández

Todas pertenecemos al linaje de alguna mujer que se casó a los quince años.

Por eso tengo ganas de hablar de este libro, porque más allá de su anclaje en un espacio de tierras lejanas a las mías, refleja un tiempo que todas las mujeres tenemos en común y que, de cierta manera explica nuestro destino. 

Rojo es una novela de aprendizaje, la historia de la joven ingenua Matilde obligada a casarse con Artemio, un rico hacendado chileno a inicios de los años 30, y confrontada al fantasma de la primera esposa difunta de su brutal y machista marido, la excéntrica pianista italiana Lavinia.

Están allí presentes desde el inicio todos los ingredientes de los cuentos de hadas: la muchacha virgen vendida a un poderoso, viejo y cínico señor por razones de dinero, la mala madre cómplice de la destrucción física y psicológica de su hija, la mala suegra, la intervención de ayudantes como el buen cuñado Tafer y la hija del empleado, la tentación del refugio en mundos paralelos para sobrevivir a los maltratos, aquí el diario de la primera esposa que dibuja las esperanzas de ser libre y crear nuevos espacios a través de una vida exagerada y del uso del hada verde, el nombre que le pusieron los poetas malditos a la absenta.

Pero a diferencia de los cuentos infantiles, esta historia no tiene final feliz. Porque el otro protagonista escondido y actuando desde las tinieblas es el determinismo psicológico y social. Estamos frente a la historia del destino de todas las mujeres que intentaron alguna vez correr con los lobos (para parafrasear el excelente ensayo de la psicoanalista junguiana Clarissa Pinkola Estés): aunque intentasen entretener con coraje y perseverancia el fuego que las atraviese; ese poderoso instinto salvaje sexual y creativo que define el alma femenina resulta insuficiente para vencer la máquina demoledora del patriarcado universal.

La novela me remite quizás al cuento analizado por Pinkola Estés llamado Los zapatos rojos, uno de los pocos que terminan mal, y que podrían dar sentido al título de la novela de Lucy Fernández. Una niña por desear demasiado unos zapatos rojos —símbolo de energía vital—, termina condenada a bailar sin reposo con ellos.  La trampa surge cuando la niña del cuento se va a vivir con la acaudalada anciana que supuestamente la debe salvar. Allí tiene que permanecer callada como Dios manda… no está permitido anhelar nada abiertamente y, en concreto, no se puede satisfacer el anhelo. Eso es el comienzo del hambre del alma para el espíritu creativo.

En el cuento como en la novela de Fernández, el color rojo es el de la ambivalencia, el del fuego vital al igual que el de los infiernos.  El rojo de la sangre que fluye para otorgar vida y que se retira para dar muerte.

El color rojo también hace eco a la novela Jane Eyre de Charlotte Bronte, historia de la joven y huérfana del mismo nombre que vive con su tía y sus primos, los Reed, en Gateshead Hall. Como todos los huérfanos del siglo diecinueve, su situación es terrible. La Sra. Reed detesta a Jane y permite que su hijo John atormente a la niña. Incluso los sirvientes están constantemente recordándole que ella es pobre y no vale nada. A la temprana edad de diez años, Jane se levanta contra este trato y les dice exactamente lo que piensa de ellos. La castigan encerrándola en “el cuarto rojo”, la habitación donde murió su tío, y ella tiene un ataque de histeria cuando piensa que su fantasma se le aparece.

Son muchas las referencias literarias presentes en Rojo. Rebecca, de Daphne du Maurier, es indudablemente otra. Escrita en 1938, casi en la misma época en que se desarrolla la historia de Matilde en Rojo, narra la historia de la joven segunda esposa del señor De Winter a la que llevan a vivir en la mansión situada en la ventosa y húmeda costa de Cornish. Con un marido que apenas conoce termina ahogada por la fantasmal presencia de la primera esposa, Rebecca.

El tema de la rivalidad femenina es omnipresente en Rojo como en la obra de du Maurier. A través del diario de la primera esposa —Lavinia Vigorou, que parece haber sido colocado en evidencia a propósito—, Matilde se va enterando del pasado sexual y afectivo de su marido y del poder que la mujer que lo escribe pareció ejercer sobre él. Así va aprendiendo su papel de mujer, pero a la vez se va cubriendo de una sombra que la aplasta. ¿Cómo no sentir celos a la vez que fascinación frente a la protagonista de esa crónica de una muerte anunciada? Lavinia actúa de icono inalcanzable, oscuro objeto de deseo. Es la femme fatale modelo de libertad, erotismo y creatividad, pero por pertenecer a cierto determinismo histórico aquel modelo también conlleva consigo locura, soledad y muerte. Romper con los esquemas en una época donde lo mejor que puede esperar una mujer es casarse con un hombre rico, pues tiene su precio alto.

Lo interesante de la iniciación de Matilde por Lavinia es que opera mediante la lectura de un diario y allí se suma el poder de la imaginación.

¿Acaso no será el poder mismo de la escritura el que actúa sobre Matilde, como actúa la historia de Matilde sobre nosotros?

La tensión sexual ambivalente es otro tema esencial de la novela: la pasión de Lavinia por Fausto el primer amante italiano, versus la que tiene con Artemio su marido; y en paralelo la que impone Artemio a Matilde versus la frustración de Matilde con su cuñado Tafer. Las dos caras de la libido corren sin piedad en la vida de las dos mujeres. Matilde descubre una sexualidad destructiva a través de las violaciones sucesivas de su marido y en paralelo el nacimiento del amor a través del delicado Tafur. Lavinia, 10 años antes vive las mismas tensiones entre su pasión por Fausto y la relación casi sadomasoquista que la une a Artemio. Las dos terminan aniquilando el flujo vital que las anima, víctimas del mismo marido. 

Entonces lo que queda de las lobas se materializa en la maternidad, última realización posible, último tema que a mi parecer habita la novela. Tanto Lavinia la primera esposa que no pudo seguir con su arte, como Matilde la segunda que no pudo con el placer sensual, se refugian en la tentación del embarazo y puede que sea de repente la escapatoria beneficiosa. 

Pero por este lado también la pulsión de vida se pone a bailar con su otra cara, la muerte. Lavinia se lleva a la tumba el secreto del nacimiento de su hija, Matilde esperando a la suya despierta sin querer el ritmo frenético del espíritu festivo y escandaloso de su marido que “ya no era un ser humano. Se trataba de la peor y más insaciable de las bestias”. Luego de la poca libertad y felicidad vivida cuidando a su cría, la joven no tiene otra opción que huir de la casa matrimonial para salvarse del endemoniado marido.

Para ambas mujeres el rojo del deseo se ha vuelto sangre y tiene que derramarse a escondidas porque solo han sido capaces de criar hembras al lugar del heredero varón. 

Lo que llama la atención en Rojo, es la forma en que la escritora —de manera en apariencia muy aplicada, muy clásica— mueve los poderes reveladores de esos arquetipos universales para abrir al lector la puerta de esa zona escondida de la psique humana donde aflora el inconsciente, donde se consumen las pulsiones sexuales, los instintos predadores y las vergüenzas que escapan del pensamiento articulado, del lenguaje. 

Esa novela llena de implícitos, narrada en tercera y segunda persona por una joven escritora cuya voz falsamente objetiva y descriptiva casi a manera de guión, demasiado unívoca para ser honesta, no deja de suscitar ambigüedades y misterios por los vacíos que deja vagar entre secuencias.   

Al terminar de escribir este texto, me llega el flyer del evento de hoy y descubro recién la carátula de Rojo que yo he leído como manuscrito en una playa de Máncora.

Al descubrir la cara de Matilde o de su doble, Lavinia, dibujándose lentamente con arena sol y mar de fondo, me meto en soñar con Silvia Li, la poeta de La flor artificial, novela biográfica que escribimos a cuatro manos con Christiane Félip Vidal. Se superponen los rostros y encajan ahora con la imagen del libro de Lucy. 

¿Será que definitivamente todas las mujeres tenemos el mismo destino? Nos condicionaron en creer en un príncipe azul que resulta ser Barba azul, y si no queremos conformarnos solo en hacer valer el rojo de nuestra sangre, quizás sea la literatura la que nos permita nuevos espacios para correr libres como lobas.

Fernández, Lucy. RojoForjadestino, Lima 2018, 146 p.


Lucy Fernández es una escritora peruana nacida en el Cusco. Rojo es su primera novela.

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