Cuentos heridos, de José Carlos Agüero

Cuentos heridos, de José Carlos Agüero

Cuentos heridos

Cuentos heridos es un libro singular. José Carlos Agüero, escritor, poeta e historiador especialista en temas relativos a la memoria histórica nos entrega un nuevo trabajo cuyas fronteras genéricas son permeables.

A pesar de cumplir con las características de la literatura infantil o adolescente, también de la leyenda, este libro de cuentos breves, ilustrado por Andrea Lértora, está dirigido a lectores adultos.

Esa es una de las señales que alertan acerca del propósito y la ambición del autor, cuya obra entera subvierte primero los géneros, y luego, del modo más radical, todas nuestras certezas. Recordemos que la publicación de su ensayo-testimonio Los Rendidos significó un hito en la narrativa peruana. Era una voz jamás oída antes, un espejo invertido desnudando a la sociedad peruana entera a través de un episodio del conflicto interno. Y a partir de esa lectura, de la que no se sale indemne, surgió un cuestionamiento más amplio acerca de nuestra propia capacidad a aceptar todo lo que somos y a perdonarnos mutuamente.

Cuentos heridos

Esta misma puesta en cuestión aparece en Cuentos heridos. En primer lugar de modo conceptual. Si la literatura para niños y adolescentes funciona como mecanismo formativo-rector de adaptación de estos a su contexto social, José Carlos Agüero, consciente de ello, trastoca el género y parece dirigirse al lector adulto con el mismo objetivo.

El texto de inicio presenta así a una maestra sobreviviente de una guerra que cuenta cuentos a otras madres que también han perdido a sus hijos:

«Sus hijos ya no están allí. Se los llevó la sanidad pública. La ceniza pesada se posa en las mesas, las tazas, las manos, los rostros. La gente ya entendió dónde están los que nunca aparecieron. La piel de los muertos flota, ya no saben si arregla. Si cogerla. Es mucha.»

Se asume así que un contexto social complejo y ambiguo como es el peruano, resulta, aún para el individuo adulto, un espacio inasible e incomprensible, frente al cual nos encontramos desprovistos de referencias susceptibles de permitirnos entender cuánto de violencia o de mal guardamos latente. La labor del narrador en cada uno de estos cuentos es, pues – sirviéndose del tono en apariencia naïf y de las referencias en apariencia inocuas-, introducir esa dosis de violencia y de crueldad, de modo inesperado, para revelarnos la verdadera naturaleza de las relaciones que establecemos.

Andrea Lértora
Foto: Andina

Este libro podría haberse titulado «Cuentos crueles», de no ser por la profunda humanidad que destilan sus páginas. Gracias a ello, allí donde podría quizás percibirse cinismo, el lector encuentra más bien dolor, o quizás debería más bien decir: lo reconoce. En estos cuentos heridos, una escena apacible se convierte de pronto en un cuadro de horror. Y, a la inversa, escenas de lucha y de violencia concluyen más bien de un modo sereno. De algún modo, parece decírsenos que libramos una batalla interior desde hace siglos, que ya forma parte de nosotros, y que esa lucha será también la de nuestros hijos.

Temas como el racismo, el terror y la locura, la falsa seguridad de la familia, el aprendizaje del mal, el abuso de la autoridad, la migración, la guerra, nos aparecen a través de metáforas: rostros que aparecen en las huellas digitales, personas que se convierten en árboles, cóndores que aprisionan humanos.

Un tejido de referencias culturales colectivas peruanas enriquece además los niveles de lectura de este libro: Paco Yunque, Túpac Amaru II, Inkarri, el perro peruano sin pelo, la figura del pishtaco, entre otros, aparecen como personajes de estas historias que a veces se asemejan a esas leyendas que aprendimos en los años escolares. Conviene recordar aquí la definición de que da Timothy R. Tangherlini de la leyenda: «…narración folclórica corta, que refleja una representación psicológica simbólica de la creencia popular y de las experiencias colectivas y que sirve de reafirmación de los valores comúnmente aceptados por el grupo a cuya tradición pertenece.»

Página de Cuentos heridos

Estos cuentos heridos recogen, en efecto, estas experiencias colectivas, muchas de ellas indecibles y las convierten en algo asimilable gracias a su elaboración en el nivel simbólico.

Las ilustraciones de Andrea Lértora, en tonos grises, ponen en relieve el aspecto sombrío que Agüero ha elegido para este libro. Sus personajes esbozados en acuarela y con rostros indefinidos, con frecuencia son distinguibles solo por metonimia: el ala de un cóndor, el sombrero de una mujer campesina, las líneas verticales del fusil. Un modo quizás de señalar que en estos cuentos podemos de algún modo reconocernos todos.

Agüero, José Carlos (texto) y Lértora, Andrea (ilust.). Cuentos heridos. Lumen, Perú, 2017.


José Carlos Agüero Solórzano (Lima, 1975) es escritor, poeta e historiador. Es autor del ensayo Los rendidos. Sobre el don de perdonar (Instituto de Estudios Peruanos, 2015), de los poemarios Indiferencia de los elementos (2013), El nacimiento de los monstruos (2010) y Enemigo (Intermezzo Tropical, 2016), Cuentos heridos (Lumen, 2017) y Persona (FCE, 2017). Es investigador sobre el tema de violencia y memoria histórica y ha escrito numerosos estudios sobre el tema.

Andrea Lértora (Lima) es pintora e ilustradora. Finalista de Pasaporte para un Artista en el 2015, ha colaborado con revistas y diarios. Es ilustradora para el teatro, música y literatura. Es autora del cuento ilustrado ¡¿Qué?!, publicado en el 2014.

Acerca de Nataly Villena

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