Nuestro mundo muerto, de Liliana Colanzi

Nuestro mundo muerto, de Liliana Colanzi

Nuestro mundo muerto

Nuestro mundo muerto, el último libro de cuentos de Liliana Colanzi (Santa Cruz, 1981) nos entrega historias escritas en un lenguaje sencillo y muchas veces perturbador, sobre sujetos que conviven y se desdoblan entre varios universos con sus propias misiones, miedos y turbulencias. Este conjunto de relatos dibuja un universo mágico, muy propio de la literatura latinoamericana y alimentado por el saber ancestral de sus pueblos indígenas. La autora tiene además un buen oído, que se evidencia en los diálogos de sus personajes. Las conversaciones de estos nos atrapan por la sencillez de sus palabras y su vocabulario propio del lugar. Los diálogos transportan al lector a otros territorios, una ciudad universitaria en el norte o a una hacienda de un pueblo en medio de un territorio tropical, como es la región de Santa Cruz en Bolivia.

Nuestro mundo muerto

En estos ocho relatos, Colanzi nos describe episodios donde la modernidad y el avance tecnológico se vuelven parte de la vida de los personajes, ya sea en la selva, el desierto u otro planeta del sistema solar; sin embargo, el desarrollo de la ciencia no ha minimizado los problemas que aquejan a los humanos. Personajes fragmentados, dolidos, apartados confluyen en mundos donde no encuentran soluciones para curar sus propias heridas. Por ello, van en busca de otros, quizá para encontrar un bienestar que la ciencia no les ofrece, pero sí la cultura ancestral, los rituales y la magia.

Al leer este libro, es inevitable recordar al filósofo y antropólogo Bruno Latour, cuya crítica a la modernidad es la de separar a la naturaleza de la cultura, cuando somos híbridos entre naturaleza y cultura. Nunca estuvimos separados. No obstante, las prácticas ancestrales o rituales, que incluyen los chamanísticos, son subvaloradas o consideradas como carentes de lógica, como la clarividencia, la costumbre de comerse los piojos, la comunicación con seres superiores o captar las líneas más remotas del horizonte con la precisión de un zorro, por comer un pedazo de cactus. A través de los personajes, principalmente los indígenas collas o cambas, se pone aquí en jaque a la modernidad como sinónimo de progreso y bienestar para todos y se refuerza la conexión con la naturaleza y deidades ancestrales.

En cuentos como “Chaco” y “Meteorito”, encontramos rezagos colonialistas, cuyos males sociales confluyen en la modernidad como el racismo, la opresión y autoridad sobre los pueblos indígenas que generan una rabia manifestada en las presencias sin cuerpo que perturban a los dominantes. Ese salto de los espíritus o las almas que traspasan mundos, como en “Alfredito”, es parte de la ciencia ficción y lo mágico, y bien podrían ser manifestaciones de nuestros propios demonios que afloran y emergen de nuestro ser como agentes fríos y de nieve, como sucede en “La Ola”; o miedos que nos siguen aunque cambiemos de planetas en naves, como el cuento del mismo título del libro.

Todo estamos conectados en una malla, como menciona Tim Ingold y si lo estamos, entonces, nuestras esencias pueden desplazarse del que fue nuestro lugar a otro, de un mundo a otro. Es preciso el título Nuestro mundo muerto para este conjunto de historias donde sus personajes no “mueren”, solo transitan entre mundos que aún no conocemos.

Colanzi, Liliana. Nuestro mundo muerto. Eterna cadencia, 2017, 128pp.


Liliana Colanzi (Santa Cruz, 1981). Ha publicado los libros de cuentos Vacaciones permanentes (2010) y Nuestro mundo muerto (2016). Su colaboraciones han aparecido en distintos medios como Letras Libres, El Deber, Granta y The White Review. Ganó el premio de literatura Aura Estrada, México, 2015. Reside en Ithaca, Nueva York, y enseña en la universidad de Cornell.

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