El arte antiguo de la cetrería, de Paul Baudry

El arte antiguo de la cetrería, de Paul Baudry

Los valores tampoco tienen hemisferios

Existe un personaje dentro de mi mente, un pequeño marqués de 16 años aprendiendo a practicar el arte antiguo de la cetrería. Me da la réplica en una escena del Misántropo de Molière, en la alianza francesa de una gran ciudad latinoamericana, en un tiempo que ya no existe o que quizás nunca existió, yo haciendo de Célimène, y profesora suya. Intenta domesticar para sus propios fines el pájaro cazador que todos llevamos dentro. Celimène lo humilla pero a la vez le enseña. Lo político empieza por ahí. El personaje vale la pena. Sobre todo para una mujer desilusionada buscando maravillarse como último remedio ante su aburrimiento. El arte de cazar, el escritor Paul Baudry lo experimentó conmigo en clase de filosofía y en el escenario de una Lima experimental que se despertaba tras la generación del miedo gris. Y ahora, luego de una década, entrega sus presas. Este libro es el festín al que nos invita desde la otra orilla del mundo, supuestamente objeto de deseo.

El arte antiguo de la cetreríaPero como suele ser, los mejores cazadores matan desde el escondite perfecto, desde el lado inverso de las cosas, donde ningún instinto animal lo espera. Baudry apunta con un gesto preciso, tan exacto como el de Arquímedes que era capaz de levantar pesos inmensos sin esfuerzo. La distancia exacta. Su propuesta consiste en cuestionar las zonas de confort de nuestros dos hemisferios cerebrales y geopolíticos con materiales aparentemente tan opuestos como la historia sentimental del fundador del Partido Aprista del Perú, la intensa búsqueda científica de una alemana en Nazca barriendo el desierto de una tierra que no es suya, la determinación de una muchacha mexicana pobre por convertirse en la musa de un escritor famoso en Inglaterra, o la de un jefe militar europeo que es admirado por sus subalternos argentinos durante el proceso de una macabra enseñanza.

Lo que sucede entre el cazador y su presa tiene que ver con la vieja historia del yo y del otro. Historia ancestral del poder. Dialéctica del maestro y del esclavo. Todo empieza por una lucha. No hay consciencia sin eso. Y peor aun cuando se trata de dos consciencias alejadas. Haya de la Torre y su empleado, María Reiche y Ray Bradbury, el general Bigeard y su doble argentino el general Vañek, deambulan por tiempos y espacios supuestamente irreconciliables. En “Historia de una rana”, el último relato, los miserables aún tienen esperanza. Para lo bueno como para lo malo. Porque los valores tampoco tienen hemisferios. Como en el ying y el yang, lo femenino revela lo masculino y lo negro lo blanco. Bigeard no es tan malo como se supone y eso ningún libro de historia lo dice. A su doble argentino, Vañek, la vida le da oportunidad de trasmitir un saber. El discípulo de alguna manera salva al maestro. Y no importa si lo que recibe sea algo tan nefasto como el mal.

cita del Arte antiguo de la cetreríaEn este segundo libro de Baudry el infierno no existe pero el paraíso tampoco. La escritura misma rompe con el juicio de valor. El tiempo y el espacio no tienen límites. El nuevo deber moral es cruzar el charco. El nuevo reto es tejer relaciones improbables. ¿Qué es lo que une a un escritor gringo reconocido por sus crónicas marcianas con una vieja alemana barriendo el desierto de la costa peruana? ¿Qué es lo que une al peón con su maestro? Nada, salvo el deseo.

La sexualidad, a menudo agresiva, cumple un papel fundamental. El halcón de Haya de la Torre amenaza el deseo secreto del entrenador recordándole que siempre lo puede atacar. Las líneas de Nazca se resisten a ser descifradas por la obsesión que habita en la mente de la alemana y, por el contrario, se materializan bajo la pluma de Bradbury que no cree lo suficiente en el poder de la literatura. Las cosas se enfrentan a los deseos. El escritor famoso no es nadie sin la esposa que lo hace existir pero que nadie conoce. Al final, la historia no es como la quisieron los historiadores. La historia pertenece a los narradores. La verdad está en las mentiras. El peruano es francés y la gringa alemana resulta más peruana que un peruano. El que enseña el mal se salva más que el que no transmite el bien. Nada ni nadie es como parece. Hasta los puentes históricos y genéricos que establece mienten dentro del marco de la ficción. Al libro le perdono su belleza platónica. Los halcones siempre pecan por amor a las alturas.

Baudry, Paul. El arte antiguo de la cetrería. Peisa, Lima, 2017, 144 p.


Paul Baudry (1986). Escritor e investigador peruano. Su trabajo como crítico se ha centrado sobre todo en la obra de Julio Ramón Ribeyro con una tesis de doctorado que ganó el Premio de la Sorbona en 2016. Ha coeditado El botín de los años inútiles: nuevos acercamientos de Julio Ramón Ribeyro (Lima, Altazor, 2014) junto con Ina Salazar. El arte antiguo de la cetrería (Lima, Peisa, 2017) es su segundo libro de relatos tras Distraiciones (Lima, Hipocampo, 2005).

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