Devastados, de Sarah Kane

Violencia y desgarro existencial en Devastados de Sarah Kane

 

Si analizamos la obra y el legado de la dramaturga londinense Sarah Kane, resulta innegable el carácter perturbador de su propuesta dramática, y el correlato que esta posee con su vida personal. Kane es quizá una de las mayores exponentes de la desesperación, el dolor y el desgarro existencial vivenciados y representados en sus obras dramáticas, que destacan por generar conmoción y compasión en el espectador, es decir, un efecto catártico en la sociedad contemporánea. Es por esto que analizaré la obra Devastados (en inglés Blasted) abordando precisamente los motivos del desgarro existencial y la violencia, pues estos se convierten en ejes articuladores de la obra y contribuyen a concebir la poética de Kane como un “Espectáculo del dolor”, según la denominación que le da Carolina Brncic a su poética: “(…) en el que la desintegración del mundo interno de los personajes se convierte en un correlato de la devastación del mundo exterior, encontrando su forma de expresión a través de la violencia (…) porque así como el mundo exterior se destroza, el mundo interno de los personajes y espectadores se desintegra gradualmente hasta convertirse en un despojo de la integridad humana.” (19 y 8). En Devastados los personajes son causa y consecuencia de su contexto, en donde la desolación y el brutal sinsentido se imbrican en una atmósfera cruenta que evidencia la devastación del ser humano, de la sociedad y por extensión, del mundo.

Antes de profundizar en torno al primer motivo escogido, la violencia que permea la obra, cabe señalar que se distinguen dos grandes tipos de violencia dentro de ella; en primer lugar, la violencia verbal, y en segundo, la violencia física. Dentro de la violencia verbal se observan dos variantes, por un lado, la violencia psicológica, y por otro, la violencia racial. A su vez, la violencia física se expresa en la obra desde dos aristas, la violencia corporal y la violencia sexual. En relación a la violencia, Brncic sostiene: “La violencia es la válvula de escape para exhibir y espectacularizar un sentimiento tan íntimo e irrepresentable como el dolor, dolor ante la pérdida, ante la imposibilidad de ser uno mismo y con el otro en plenitud”, lo cual se vincula con el segundo motivo a analizar, el “desgarro existencial”.

Analizaré a continuación la violencia verbal presente en Devastados. Desde la primera escena vemos a los personajes Ian y Cate dialogando en un contexto clandestino y de degradación que se denota por el ambiente de la habitación del hotel en que se encuentran. La relación entre ellos no es simétrica ya que Ian ejerce un dominio respecto a Cate, lo que queda a la luz al observar la personalidad de cada uno, y luego la relación que tienen, en donde Ian, pese a decir constantemente que ama a Cate (ellos en el pasado tuvieron una relación afectiva y en la obra Cate visita a Ian para saber cómo se encuentra), la trata mal, la hace ver como una mujer incapacitada y la denosta intelectualmente; además, constantemente deja en evidencia el amor obsesivo e incluso enfermizo que siente hacia ella, a quien utiliza para satisfacer sus bajos instintos. La violencia verbal se expresa, en este sentido, en el trato que Ian tiene hacia Cate, en cómo la manipula y somete a sus intereses, mermando su autoestima y autorepresentación no solo como mujer, sino que como ser humano. Ejemplificaré esto mediante la referencia a varias situaciones, en primer lugar, Ian descalifica la vestimenta de Cate aludiendo a que parece lesbiana, solo por el hecho de que no se ve “sexy” (7); en segundo lugar, infiere que Cate tiene cierto retraso mental al igual que su hermano, cuando dice “Menos mal que mi hijo no es un tarado (…) Pobre de tu madre, me da lástima. Sus dos hijos así” (5), o cuando la insulta y humilla: “Eres estúpida, Cate. Nunca vas a conseguir un trabajo” (8), lo cual genera en Cate una reacción de inseguridad que se manifiesta en el tartamudeo e incluso convulsiones que experimenta frente a situaciones conflictivas.

En tercer lugar, la violencia verbal de Ian en contra de Cate se evidencia en la manipulación sexual (que posteriormente se vincula con la violencia física sexual), ya que Ian culpa a Cate de excitarlo y luego no tener relaciones sexuales con él: “Eso no fue justo (…) Calentarme, si no pensabas terminar (…) No me tengas lástima, Cate. No tienes que coger conmigo solo porque me estoy muriendo, pero no me embarres el coño en la cara y luego me lo quites porque te meto la lengua (…) No puedes prenderme y apagarme así no más. Sino me vengo, me duele la verga” (14-15). Como contrapunto, Cate manifiesta una actitud pasiva, condescendiente e incluso preocupada hacia Ian, ya que le señala que debe de hacerse daño bebiendo y fumando, sin embargo, Ian la presiona a tal punto que Cate en un momento toma su pistola y amenaza con dispararle, aunque luego se desmaya (27). Ella está sumida en una relación enfermiza que la daña y se hace cómplice de aquello. De este modo, la violencia verbal psicológica que Ian ejerce hacia Cate menospreciándola y denostándola, pronto se convierte en violencia física y sexual, ya que no solo en un momento la abofetea, sino que abusa de ella, dañándola físicamente al practicarle sexo oral: “No quería hacerlo (…) Me dolió (…) Me mordiste (…) No puedo mear. Es pura sangre (…) Ni cagar. Me duele” (31 y 34). Además, la viola apuntándole en la cabeza con la pistola (27). Allí, ambos elementos, el falo y la pistola, cumplen simbolizan la dominación y sometimiento de una figura subalterna, en este caso, Cate.

Siguiendo la línea expuesta en la sección anterior, cabe considerar que la violencia físico-sexual también se representa en la interacción de los personajes Ian y el soldado, y es este último el que de manera más feroz y extrema da cuenta de la violencia ejercida en la guerra, sobre todo, cuando recuerda la vez en que asoló una casa, mató a los hombres, los colgó de los testículos y violó a las mujeres, incluyendo a una niña de doce años (42). Frente a la presencia y conversación del soldado, Ian se siente incómodo y temeroso, se invierte el rol que él ejercía con Cate, pues ahora es el soldado quien tiene una posición de dominio frente a él, el cual llega al summum cuando sodomiza a Ian, le mete el cañón del rifle en el ano, y posteriormente le succiona y come los ojos (49), re-creando la misma situación que vivió su novia, a modo de venganza. Este tipo de violencia llega al extremo de la ferocidad, canibalismo y conmoción cuando en la escena final, estando ciego y en un entorno absolutamente devastado por la guerra, además de estéticamente pesadillesco, se come al bebé que Cate había rescatado y tras morir, había enterrado bajo las tablas del piso (59).

Ahora bien, volviendo a la arista de la violencia verbal, se debe tener en consideración el discurso xenófobo, homofóbico e incluso misógino que se desprende tanto de Ian como del soldado. Por un lado, Ian desde la primera escena denigra y menosprecia a los hindúes, a quienes trata de “negros”, y a los paquistaníes, a quienes llama “pakís”, aludiendo que ellos se están “apoderándose de todo” (4), también menosprecia a los homosexuales, no solo cuando pretende insultar a Cate tratándola de lesbiana, sino que también, cuando recuerda que su ex esposa se fue con una mujer negra y dice: “¿No soy yo mejor que una lesbiana?” (18). Posteriormente, en el diálogo con el soldado, nuevamente deja de manifiesto su xenofobia y excesivo nacionalismo inglés (40), además de su homofobia, cuando el soldado le pregunta por qué nunca se ha “cogido a un hombre antes de matarlo” y él responde “¿Para qué? No soy marica.” (46), lo cual tiene un paradójico desenlace según se evidencia en la escena comentada anteriormente. La figura del soldado también resulta coyuntural respecto a la violencia, no solo por lo ya comentado de sus acciones cruentas y sádicas, sino que también, porque en su discurso también se evidencia, no obstante, relativizados hasta el absurdo y combinados con la brutalidad propia de la guerra, la xenofobia, homofobia y misoginia.

El segundo motivo escogido para el análisis es el “desgarro existencial”, el cual se manifiesta desde el título de la obra: Devastados. Palabra que apela a un estado de destrucción y que puede asociarse no solo al contexto de la guerra y los destrozos que esta causa a nivel material, psicológico y emocional, sino también al estado de desolación en que se encuentran los personajes en su vida personal e íntima, en que ya no hay posibilidad de entablar vínculos afectivos sanos ni verdaderos, en que el miedo asola, en que ya no hay esperanzas y es preferible morir, pues tal como dice Brncic: “Todos los personajes están puestos en situaciones límite o bien se arrojan a ellas, buscando tal vez en el dolor una última posibilidad de certidumbre; locura, enajenación, suicidio y muerte se convierten en la única salida posible, porque tras la contemplación del sinsentido, no hay vuelta atrás” (8). Así, el “desgarro existencial” es consecuencia del dolor, la violencia y el absurdo que corrosivamente todo permea.

En este sentido, cabe analizar el motivo del desgarro existencial en cada uno de los personajes. En primer lugar, está Ian, personaje que tiene actitudes autodestructivas (bebe y fuma en exceso, aunque sabe que está muy enfermo), está involucrado en asuntos que lo obligan a estar encerrado y temer por su vida, es violento, cruel y siente un amor enfermizo hacia Cate, a quien necesita y recurre para sentirse aislado del peligro, pero a quien daña y violenta. Su desgarro existencial radica en el hecho de que no concibe posibilidad de plenitud en su vida pues está corroído hasta lo más íntimo, a su devastación psico-emocional (su ex esposa lo abandonó y no es capaz de mantener una relación afectiva con Cate si no es mediante la violencia) y física (está desahuciado), se unen la devastación moral (el soldado lo sodomiza, y posteriormente él se come al bebé), y el extremo de la devastación física (el soldado le saca los ojos). Se encuentra en un estado de penumbra, desolación, dependencia y humillación absoluta, sin que se vislumbre la posibilidad de superarlo.

En segundo lugar está Cate, personaje femenino que mantiene una relación simbiótica con Ian, y pese a mantener una actitud esquiva y sometida a la vez respecto a él, es el único personaje en quien aún queda un rastro de inocencia, bondad y compasión, ya que no solo se preocupa por la salud de Ian a pesar del daño que él le ha hecho, y es capaz de ayudarlo cuando lo encuentra herido sin ojos, sino que trata de rescatar a un bebé (criatura inocente por esencia) de la devastación e intenta darle sepultura una vez muerto. La devastación en la que se encuentra está dada por el estado de inferioridad en que está sumida y que le impide salir adelante con su propia vida, su infantilismo la lleva a no tener plena consciencia de las implicancias que el daño de Ian le causa, pese a ser consciente de lo que es bueno y lo que es malo, ella sabe, por ejemplo, que asesinar es malo e intenta aconsejar a Ian al respecto. La devastación la tiene a ella como víctima de sus circunstancias, pero en el pantano un acto de bondad puede emerger (el intento por salvar al bebé) a causa de la fe en Dios que ella tiene, y que la lleva a intentar darle cristiana sepultura, poniendo una cruz sobre él. Su desgarro existencial tiene una mínima esperanza de redención, manifiesta en su inocencia, infantilismo y fe.

En tercer lugar, tenemos al personaje del soldado, que encarna la devastación de la guerra y carga con las mayores atrocidades de esta sobre sí. Ha asesinado, sodomizado y violado cruelmente sin distinción, como una peste que asola una ciudad. A su novia le realizaron exactamente lo mismo, lo que demuestra la cruel paradoja de la guerra, y la execrable circularidad de la violencia. Es un personaje que linda con la devastación, a quien el horror de lo visto y vivido le ha caído encima y es precisamente lo que causa su desgarro existencial, cuya única solución es la muerte.

De esta manera, Devastados de Sarah Kane propone la existencia de una sociedad absolutamente destruida, de una humanidad cuyo espíritu está arrasado por la violencia que todo lo permea y que genera como único reducto un desgarro existencial que a veces, incluso, ni siquiera tiene posibilidad de escapatoria o resolución.

Puesta en escena en México de “Blasted” (Devastados). Teatro “El Granero” 2001/2002. Piedad Teatro Producciones

Bibliografía: 

Brncic Carolina. Sarah Kane y el espectáculo del dolor. Revista Chilena de Literatura. Universidad de Chile. Noviembre 2006, N° 69, 25-43

Kane, Sarah. Devastados. Edición digital Cuadernos del Teatro San Martín de Caracas.


Sarah Kane (1971-1999) fue una dramaturga inglesa, una de las figuras más representativas del movimiento artístico conocido bajo el nombre ‘in yer face’. Sus piezas de teatro provocan un escándalo en el Royal Court Theatre, en particular la primera, Blasted (Devastados), representada en 1995. Escribe cinco piezas de teatro más y se suicida tras haber terminado 4.48 Psychose.

Acerca de Jessenia Chamorro

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