No hay sitio pa tanto santo, de Masha Chávarri

No hay sitio pa tanto santo, de Masha Chávarri

No hay sitio pa tanto santo, de Masha Chávarri

El pueblo de Chancayllo, a unos 70 kms al norte de Lima, no es el paraíso. En ese entorno rural de pocos recursos, Aurelio, el protagonista huérfano criado por su abuela luego de que su padre asesinara a su madre, se enfrenta a una existencia en la que reinan la pobreza, el abuso y el engaño.

La población busca esperanza en la religión y, pese a lo que reza el título, la abuela le da sitio a un verdadero santoral en una larga lista de la que hereda el nieto, logrando convencerlo de que las bondades y milagros de tantos santos y santas lo protegerán de todo mal.

Quienes ven más bien esperanza en el mundo terrenal lo sitúan en Lima.  Tan cerca en la geografía y tan lejana en el imaginario rural, la capital es el espacio mítico del éxito con su expansión económica, su desarrollo urbano, su posibilidad de progreso socio económico. En los pueblos, no falta quien se lance a la aventura porque algún familiar que migró allá y logró salir adelante está dispuesto a acogerlos para darles el primer empujón.

En No hay sitio pa tanto santo, la autora aborda los temas sensibles de la religión, de las migraciones, de las desigualdades sociales, de una difícil cohabitación cultural entre el mundo rural y el mundo capitalino, cohabitación que va creando un amalgama de comportamientos donde amistades, solidaridad y traiciones rigen la vida de los personajes.

La novela se construye sobre la base de permanentes antagonismos: Ingenuidad versus viveza, serrano versus capitalino, pobreza versus riqueza, santos versus demonios, amor versus traición, soledad versus amistad, que permiten construir una historia de ritmo anhelante, con pocas descripciones y muchos diálogos que refleja con fidelidad el habla popular.

Quizás la formación en artes escénicas de la autora no esté ajena a la habilidad con la que logra que muchas escenas se visualicen y dinamicen mediante un lenguaje que cualquier transeúnte puede oír a diario en los sectores limeños populares, sean estos microbuses, barrios marginales, cantinas céntricas, plazas públicas, zonas comerciales de gran afluencia o pueblos jóvenes este amable pleonasmo para zonas desérticas que se iniciaron con invasiones de terrenos en los cerros circundantes y que abrigan una población en su mayoría migrante.

La novela ofrece un logrado abanico de personajes que transitan por la capital con sus sueños a cuestas y le confirman al recién llegado de que se puede si no triunfar, por lo menos sobrevivir antes de llegar a vivir de manera casi decente.  

Para todo migrante de escasos recursos y formación, “Lima es peligrosa. Se come a los jóvenes provincianos” y el protagonista va a vivir en carne propia las dificultades de todo recién llegado que, por añadidura, no tiene a ningún conocido a quien recurrir.  

Pero el adolescente que llega a Lima llega con una fe ciega en las estampitas de santos que trae escondidas en el pecho (San Pedro, el Señor de los Milagros), en el bolsillo trasero del pantalón (la Virgen María, San Isidro Labrador, San Judas Tadeo, San Antonio de Padua, San Francisco de Asís) y hasta en el forro interno del calzoncillo (Santa Rosa de Lima, Sarita Colonia), convencido de que cumplirán con su papel protector.

La misma construcción de la novela con sus ocho capítulos con títulos de santos va construyendo el itinerario geográfico y vivencial de Aurelio mientras los hechos ponen en evidencia que el santo de turno no cumple. Prueba de ello, Santo Toribio protector de abusos, no impide que un niño sea víctima de un sacerdote pedófilo; La Virgen de los Dolores, que protege de las pérdidas y el dolor, no impide que la abuela del protagonista muera y que esta segunda orfandad lo lleve a tomar la decisión de dejar su pueblo para partir a Lima; y la Sarita Colonia, por su parte, especialista en ayudar a conseguir trabajo, tampoco se muestra muy eficaz al inicio.

De a poco, el protagonista irá entendiendo que “los santos son de papel o de yeso” mientras que los demonios son de carne y hueso y que “quienes hacen .daño a las personas son otras personas”.

Con una irreverencia no exenta de cariñosa pero también cruda lucidez, Masha Chávarri introduce al lector en el mundo limeño de los desfavorecidos a través de la mirada ingenua de un protagonista que las desgracias no logran derribar ni convencer de que los demonios siempre salen ganando tanto en el campo como en la capital.

La única arma de defensa frente a la adversidad es la amistad, garante de solidaridad, porque la adversidad acecha en la calle, desata batallas campales entre invasores de terrenos o entre las barras bravas de Aliancistas y Universitarios que muestran para pelear y matar el mismo entusiasmo y la misma fe con la que rezan al señor de los Milagros por la victoria de su equipo.

La Lima en que se desarrolla la historia es la de los años setenta e inicio de los ochenta: una capital caótica, fragmentada e insegura, en pleno crecimiento económico donde un lugar denominado “Gamarra” que se va definiendo como el emporio comercial textil más importante del país atrae las expectativas de los recién llegados que, mientras esperan que se cumpla ese sueño y para olvidar sus angustiantes necesidades: comer, encontrar trabajo, pagar el alquiler del cuarto,  buscan distraerse entre alcohol, futbol  y música chicha.

El mundo de afuera, el de los barrios residenciales, forma parte de un universo que les es ajeno como les es ajena la situación política del país a punto de entrar en la época más violenta de su historia.

La autora introduce dicho tema en una suerte de prólogo mediante una nota de prensa relativa al atentado contra un político aprista por un comando senderista, un hecho nada ficticio cuyo informe integra los documentos expuestos en el LUM (Museo de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión social).

Nada a lo largo de la lectura tiene relación con este breve texto que recién cobra hábilmente sentido en el último capítulo.

De esta forma Masha Chávari le da a la novela un cierre redondo, perfecto, al añadir  a la violencia y al caos limeños descritos hasta ese momento como de tipo socio económico, el anuncio de la violencia  de orden político  que azotará al país a lo largo de los próximos 20 años.

Chávarri, Masha. No hay sitio pa’ tanto santo. Cocodrilo ediciones, 2026

Masha Chávarri es actriz, clown, coach, facilitadora, animadora, capacitadora y directora de casting peruana. Se desempeña como docente en la Facultad de Artes Escénicas de la PUCP. No hay sitio pa’ tanto santo es su primera novela.

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