El bosque de tu nombre, de Karina Pacheco Medrano

El bosque de tu nombre, de Karina Pacheco Medrano

El bosque de tu nombre, trece años después

El bosque de tu nombre, de Karina Pacheco Medrano, publicada en el 2013, ha sido reeditada este año con un prólogo que lleva el hermoso título Acérquense los del fuego, en el que la autora cuenta el origen de este libro.

Entrar en esta novela es una aventura literaria compleja y exigente, es la entrada en una inmensidad. Esta es una novela histórica sobre los años sombríos de un país extranjero, construida a partir de una investigación seria y minuciosa, y con el suficiente dominio de los recursos literarios para hacer este relato completo y vasto, una historia apasionante y altamente dramática en la que su tarea principal es desvelar lo indecible, y a partir de ello permitirnos acceder en el territorio de la ficción al paraíso y también al infierno de la naturaleza humana.

Hice una primera lectura de este libro hace trece años, y desde entonces es, junto a El polvo, la sangre y la nieve, uno de mis libros favoritos de Pacheco. Esta relectura permite confirmar su talento como escritora, su gran sensibilidad literaria, un amor visible por la naturaleza y un inmenso respeto por la integridad del ser humano.

Han pasado trece años y las preguntas que este libro nos provoca siguen vigentes, quizás más todavía hoy, en un mundo que le hace un lugar cada vez más grande al fascismo, al autoritarismo craso, a la pérdida del espíritu crítico.

Esta novela comienza en Londres, gracias a la voz de Ariel, un médico que ha crecido lejos de Guatemala, el país de su padre –Guate, lo llama–, un lugar que guarda en su corazón como el paraíso perdido de todo heredero del exilio. Ariel vive en un mundo de confort, ha recorrido algunos países como médico humanitario y a sus cuarentaitantos se encuentra nuevamente en el primer mundo, convertido en cirujano de una elegante clínica estética. Guatemala es para él, como sucede con muchos hijos de latinoamericanos crecidos en el primer mundo, un espacio de belleza nostálgica del que guarda hermosos recuerdos de viaje, una vaga idea de su historia y sobre el que no pregunta nada. Hasta que un día, por accidente, accede a un secreto familiar después de la muerte de León, su padre. Y a través de ese secreto entra plenamente, como quien es absorbido por un tornado de memoria, a una de las historias políticas más violentas del último siglo. Ariel elegirá entonces volver a la tierra de su padre y enfrentar ese pasado.

Gracias a su viaje comienza también para nosotros lectores la inmersión en un mundo dividido, similar al que nosotros los peruanos conocemos, marcado por la dominación de los blancos y la exclusión del indígena. Una exclusión cultural, social, racial y política absoluta cuya tremenda injusticia se percibe plenamente a través de la distancia. Una exclusión histórica que alcanza su clímax en la década de los ochenta, con el asesinato sistemático como política de estado, produciendo en Guatemala alrededor de 200 000 muertos, 83 por ciento de ellos mayas. 

El viaje a través de la historia guatemalteca que hace Ariel va a trastocarlo todo: su vida, la de sus hermanos y su madre. También la del lector. En la historia que Ariel va desgranando, descubrimos la biografía de sus padres: su padre un docente universitario y activista guatemalteco, y su madre una profesora de escuela que decide dedicar un periodo de su vida al voluntariado. Su encuentro en Mexico, su círculo de amigos, gente sensible a la defensa de la cultura indígena, opositores al gobierno autoritario que sucede rápidamente a los pocos años de democracia, un grupo de personajes valiosos que en aquellos álgidos años trabajaron, de maneras distintas y poniendo en juego su vida, para colmar la brecha que aún divide a Guatemala.

Entramos a la facultad de historia de la Universidad de San Carlos, a los cursos que dicta en los años sesenta León Cordado, padre de Ariel y profesor; y conocemos progresivamente a Carlos Fonseca, estudiante primero, luego guerrillero; a Abilio Arangüena, hijo de un poderoso terrateniente y más tarde reconocido historiador; a Pablo Garmendia, joven voluntario en programas de alfabetización y liderazgo; a Raquel Gaspar, hija de un maestro opositor del gobierno. A través de ellos, y de sus recuerdos, se va dibujando el inolvidable retrato de la protagonista ausente, musa y heroína de esta novela: Coralia del Río.

El bosque de tu nombre es un testimonio potente y emotivo que podemos situar entre las mejores novelas que denuncian el terrorismo institucional en América Latina. Es un libro acerca del valor y de la manera en que la cada uno se enfrenta a grandes decisiones a través de actos pequeños. El coraje aparece en esta novela íntimamente conectado a la verdad. Sus personajes importantes están obligados a tomar posición, algunos rehuyendo la responsabilidad que las circunstancias imponen, otros asumiéndolas sin medir las consecuencias, otros/otras a sabiendas de estar arriesgando sus vidas.

Esta es una novela repleta de aventuras dramáticas en el sentido pleno que tiene esta palabra: es decir, una suma de acontecimientos extraños, de casualidades, una empresa de resultado incierto. Su trama está tejida por las historias individuales de personajes enfrentados a un Estado corrupto y autoritario hasta la médula, historias estructuradas con inteligencia y talento en un solo relato central, tenso y complejo, que nos deja sin aliento hasta el último capítulo.

Pero no estamos frente a una novela que presenta los hechos de manera maniquea. Sus personajes son complejos, dudan, cambian, se equivocan. Nos encontramos con personas que en un momento de sus vidas pueden o deben elegir y lo hacen respondiendo a su historia familiar, a su dificultades, a sus relaciones ambiguas, nobles o torturadas para con los demás. Están atravesados por contradicciones, por pasiones, por el deber o el amor. Y es así como intervienen en la trama que la autora desarrollará, y cada uno de ellos jugará un rol en la historia de su país.

Esta novela política y social describe de manera descarnada el destino seguido por Guatemala desde los años cincuenta, cuando se pone fin a la democracia y la ingerencia norteamericana cobra fuerza para desplegar más tarde su efecto destructor. A lo largo de la narración, Ariel va dando minuciosa cuenta de la sucesión de gobiernos y de su común denominador: la concentración del poder y la cultura del miedo, la violencia y la muerte. Ariel nos cuenta la historia no oficia, la corrige y desmonta la superchería de «la guerra civil», detallando paso a paso, cada uno de los hechos que condujeron a los más de treinta años de masacre de indígenas y de sus defensores.

A quien pudiera preguntarse qué relación puede tenerse desde este lugar con la historia de ese país centroamericano, en qué nos concierne, yo le diría que es una novela que cuenta la historia de América Latina. Es una novela sobre las dictaduras, el racismo y las memorias fracturadas del continente. Nos permite pensar en países como Argentina, Chile, Colombia, y sobre todo en el nuestro.

Para el lector peruano, el drama social guatemalteco es un reflejo extremo de nuestras dos peores décadas de horror, y lo vivido por Guatemala nos muestra que siempre se puede caer más abajo en el abismo. En una realidad social moldeada por el racismo, el pueblo maya es víctima de un verdadero genocidio y el lector lo ve de cerca en la vida clandestina de Pedro Ixil, indígena creador de cooperativas agrarias y último sobreviviente de una línea de sacerdotes; o en el martirio sufrido y compartido con otros personajes anónimos por Juana Tum Kótoja, personaje extraído de la vida real, curandera, feminista ya en esos tiempos y madre de la Premio Nobel Rigoberta Menchú.

Karina nos invita a leer una novela ampliamente documentada y ese es uno de sus mejores logros narrativos. Este libro es también una novela detectivesca basada en lecturas de numerosos documentos, testimonios, conversaciones. Construida como un rompecabezas en el que todo se sostiene. Una historia que le da vida a personajes reales e imaginarios y que transpira verdad. Son casi cuatrocientas páginas de una maquinaria narrativa muy bien construida y en la que el suspenso se mantiene del inicio al fin.

Como en todas las novelas de Karina, lo que ya es una de las principales características de su obra literaria, la naturaleza es aquí un personaje. Es el espacio donde todo nace, donde muchos desaparecen, donde otros se refugian, donde son perseguidos, es el espacio donde se guarda la memoria, donde sobreviven saberes indígenas que el Estado intenta destruir. El bosque de Guatemala, sus plantas, pájaros, su atmósfera, sus ríos, todo está vivo y participa en el desencadenamiento de la tragedia pero también del renacimiento.

Esta novela habla también de la transmisión de la memoria, otro de los grandes temas de la obra de Karina. Ariel no investiga únicamente el pasado de un país; investiga un vacío en su propia identidad. El bosque de tu nombre nos plantea así una pregunta muy actual: ¿qué heredan los hijos de quienes callaron?

En su novela, la memoria no aparece como un deber moral abstracto sino como una necesidad íntima. Y el verdadero viaje de Ariel además de descubrir qué ocurrió en Guatemala, consiste en comprender quién es él después de descubrir que su propia biografía estaba construida sobre un silencio.

En el plano simbólico, El bosque de tu nombre comienza con el descubrimiento de un manuscrito. La novelista le otorga así, un valor singular a lo escrito. Y esto resulta aún más significativo pues en la novela se dibuja una realidad en la que al pueblo maya se le niega la palabra. Así, en una terrible escena, dos ancianos son sometidos a un interrogatorio bárbaro e inútil, puesto que sólo hablan cakchiquel; del mismo modo, los testimonios a los que la novela nos da acceso nunca son contados directamente por los mayas, sino por aquellos personajes que buscan darles voz: los héroes de este libro, alfabetizadores, individuos-puente cuya misión inicial, que es la de aproximar al maya de la modernidad, termina convirtiéndose en un retorno al origen gracias a la figura de Mama Ixchel, la partera, la dadora de vida. 

Este simbolismo es también onomástico: la bella Coralia, cuyo nombre significa a la vez “joven mujer” y “vocecita”, representa en esta novela, la vocecita creciente de Guatemala, enamorada primero del espejismo de un país en apariencia reconciliado consigo mismo, a través del apuesto y obsesivo personaje de Jorge Lester; y más tarde, ya lúcida y segura de su misión, casada con el periodista y educador radial en lenguas mayas, Fernando Voz. 

Pero para recuperar la palabra en un país como ése, hay que estar dispuesto a dar la vida, y el círculo simbólico de la novela se cierra alrededor de la idea del valor, con el encuentro final entre Eleonora, hija de Coralia, y Ariel, el narrador, personajes cuyos nombres significan “león”.

En esta novela nos encontramos con distintas formas de valentía femenina. Los personajes femeninos son víctimas del Estado y de sus esbirros, doblemente heridas por su condición femenina, pero todas plantándoles cara: Coralia, Raquel, Mama Ixchel, Juana, Eleonora. Cada sosteniendo la vida frente a la violencia.

Este libro es, de hecho, la historia de un gran amor, genuino e inquebrantable: el que sienten los personajes por una mujer idealista y valiente, y el que los une de manera absoluta a su propia tierra. El personaje de Coralia corresponde a la propia Guatemala.

Y para terminar, esta lectura después de tantos años me permite visualizar lo central que es en esta novela el tema del exilio. Nos encontramos aquí no solo con el exilio físico de León y su familia, sino también el exilio emocional de quienes dejan su país y se niegan a verlo con lucidez, como sucede con Ariel, exiliado de su propia historia. Pero además el exilio de quienes sobreviven dentro del país como si ya no pertenecieran a él. En estas décadas en que más de dos millones de peruanos vivimos lejos de nuestra patria, en la que muchos de nosotros hemos pasado largas temporadas fuera, en la que otros muchos vivimos compartiendo el mismo espacio pero dándole la espalda a los otros, esta novela nos interpela hondamente y nos recuerda que seguimos viviendo en desigualdad, en racismo, en impunidad, en ataque a la memoria.

El bosque de tu nombre es una novela de la dignidad y es un desafío de talla que la autora enfrenta y gana de la primera a la última línea.

Nos obliga a recordar una tragedia histórica y sobre todo nos obliga a preguntarnos qué hace posible conservar la humanidad cuando la historia parece empeñada en destruirla. Esa es, probablemente, la pregunta más profunda de la novela, y también una de las preguntas centrales de toda la obra de Karina Pacheco.

Pacheco Medrano, Karina. El bosque de tu nombre, Alfaguara, 2026.

Fotografía de la autora: Adriana Peralta


Karina Pacheco Medrano, es escritora, editora y antropóloga. Con sus numerosas novelas y libros de cuentos, se ha ganado un lugar central en la literatura peruana y continental. Ha merecido el Premio Nacional de Literatura. Sus libros y cuentos han sido traducidos al inglés, francés e italiano. Vive en el Cusco.

Acerca de Nataly Villena Vega

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