Memoria por correspondencia, de Emma Reyes

Memoria por correspondencia, de Emma Reyes

Memoria por correspondencia, de Emma Reyes

«Un niño de cuatro años puede ya sentir el deseo de no querer vivir más y ambicionar ser devorado por las entrañas de la tierra».

Memoria por correspondencia

El recuerdo no se fija a voluntad pero toda obra se ancla en la propia biografía. Emma Reyes (1919-2003), pintora colombiana, recoge sus memorias infantiles en veintitrés cartas que envía a su amigo Germán Arciniegas. Se publican, como ella quiso, tras su muerte. Su español imperfecto, la mirada fresca, la desolación, los eventos terribles, su no culpar a nadie, los golpes de humor… Todos ellos son aspectos ya mentados por la crítica y que igualmente deseo destacar. Con todo, es su capacidad para evocar al detalle esas vivencias remotas lo que me sobrecoge. Reyes la justifica así:

«A ti te parecerá extraño que yo pueda contarte con tanta precisión los acontecimientos de esta época tan lejana. Yo pienso que un niño de cinco años que lleva una vida normal no podría reproducir con esa fidelidad su infancia. Nosotras la recordamos como si fuera hoy y la razón no te la puedo explicar».

«A las horas de recreo todas jugaban a muchos juegos diversos; nosotras no sabíamos jugar a nada. […] las monjas hablaban del pecado, el Diablo, el cielo, el infierno, salvar nuestras almas, ganar indulgencias, arrepentirnos de nuestros pecados… Todo eso no tenía ningún significado para nosotras y fue en esos días que aprendimos lo que era la profunda soledad y el abandono de todo afecto. Hacíamos esfuerzos terribles por entender lo que en lenguaje moderno llaman la perfecta incomunicación».

Reyes Cinco Rostros (1997)

De mi vida hasta los cuatro años apenas quedan rastros: la rodilla de uno de mis primos, dos abuelos, una huerta, un triciclo amarillo, un viaje en avión; cuentos, brujas, una madre en clase, falanges distales en ángulo recto, baldosas aguamarina, mi pañuelo preferido, un padre al que perseguían y querían matar. Para proteger (el pañuelo) de la mirada de otras niñas, lo guardaba entre los pliegues de mi vagina, acurrucado en mis braguitas. Un reloj de pared, una carbonera, dolor de amígdalas. El hambre de un chico que a escondidas devora un jamón.

La memoria despeja butacas que acomodan la vida siguiente. En el caso de Emma Reyes, por fortuna, esta vida siguiente fue el mundo exterior. El arte, lo inesperado, la libertad, la creación.

Nos quedan su legado pictórico y esta correspondencia autobiográfica.

Decían que no pintaba sus cuadros, sino que los escribía. Que su pintura eran «gritos sin corrientes de aire».

Larga vida a Emma Reyes. La tuvo y la vivió de verdad.

Reyes, Emma. Memoria por correspondencia. Libros del Asteroide. Prólogo de Leila Guerriero. 2015.


Emma Reyes, pintora colombiana exiliada en París. Tras recorrer América Latina durante su juventud, se dedicó a la pintura en Argentina. Ganadora de una beca para estudiar en París, vivió en Europa durante el resto de su vida y frecuentó artistas y escritores. Memoria por correspondencia es un clásico de la literatura colombiana.

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